Fórmulas comunistas para acabar con el paro

Martes, 25 Junio 2013 23:44

Antaño, cuando la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas brillaba con todo su esplendor, los trabajadores de la Europa Occidental miraban al Este esperanzados, al ver en aquel régimen el paraíso de la clase obrera. Es más, los partidarios de la Rusia comunista eran tan ilusos que sólo hallaban virtudes en el sistema soviético: no había desempleo, la educación, la sanidad, las pensiones y la vivienda las garantizaba de por vida el Estado protector, y, por si faltaba algo, todos los ciudadanos tenían acceso a la cultura. Claro que, en medio de la guerra fría, en la Europa capitalista se presentaba de forma bien distinta al imperio rojo. Recordando, un día sí y otro también, que en Rusia se encubría el desempleo. Es decir, que paro había, y mucho, pero, al repartir entre dos obreros el sueldo que le correspondía a un trabajador, se camuflaba la desocupación. Según aseguraban los economistas especializados de la época, este era el signo principal del fracaso de la economía planificada. ¿Y qué decir del acceso gratuito a la vivienda?, si es que a un piso de 60 metros cuadrados se le podía denominar de tal manera. Algo ciertamente inconcebible entre las familias de los años 60, tan cargadas de hijos. En definitiva, el argumento incidía cansinamente en que un Estado tan empíreo se sustentaba en una gran mentira, alimentada, eso sí, a base de burda propaganda roja. Y es que entonces, como ahora, era muy conveniente que el pueblo llano tuviese un enemigo poderoso al que temer, actualmente esa figura del malo de la película la representa a la perfección Al Qaeda, pero en tiempos pretéritos el adversario fue otro. Efectivamente, entonces el verdadero peligro venía de Moscú.

Cuando acabó la II Guerra Mundial, el mundo del dinero temió que el socialismo real se extendiera por Europa. No eran infundados esos miedos, desde luego que no. Los trabajadores, integrados en la resistencia, lucharon activamente contra el nazismo hasta su derrota final. Aquella ingente cantidad de partisanos patriotas, armados hasta los dientes, representaba, sin duda ninguna, un peligro potencial. Pero como siempre es mejor perder que más perder, a cambio de que no se implantaran las ideas comunistas por el viejo continente, el capital le hizo un guiño a la clase trabajadora, concediéndole una gracia: lo que hoy conocemos por estado del bienestar.

Pero ahora, cuando el muro de Berlín ya es historia y la vieja Unión Soviética ha abrazado el capitalismo más salvaje, las clases populares ya no tienen más referente que el modelo de la economía de libre mercado. Es más, gracias al hundimiento del sistema socialista, el capitalismo ha soltado amarras y se ha liberado de cuantos frenos le reprimían. Llegados a este punto, está ocurriendo lo que era de esperar: la eliminación del estado del bienestar. Aunque la pérdida de derechos irá mucho más allá, ya lo verán. Recuerden lo que dijo el señor Díaz Ferrán en sus tiempos de presidente de la CEOE, que los españoles tenían que trabajar más y cobrar menos. En eso coincide el Fondo Monetario Internacional y los otros componentes de la Troika, cuyo recetario, de genuino sabor neoliberal, insiste en la necesidad de que los salarios bajen. Aseguran que esta es la única forma de generar empleo. Se trata, en definitiva, de que con un sueldo trabajen dos obreros. Como en la antigua Unión Soviética, ¿se acuerdan? Esto, de toda la vida, se ha llamado repartir miseria, que es justamente de lo que se acusaba a los comunistas. Con esta fórmula, a poco que se extienda, fácilmente se acabará con el paro en España. La cuestión es si con estos mini sueldos la gente va a tener para vivir y consumir. Es decir, si esto va a ser como en la Rusia de Nikita Jrushchov, pero con el agravante de que la sanidad y la educación de calidad serán cada vez más inaccesibles, las pensiones más escasas y el acceso a la cultura solo para los pudientes.

Esta progresiva supresión de recorte de derechos a la que estamos asistiendo, de momento, le está saliendo muy bien al insaciable mundo del dinero. Pero es posible que todavía no se haya escrito la última línea. Una de las 'bondades' del sistema capitalista es la necesidad que tiene de innovarse constantemente. Para entendernos, la economía de libre mercado es como una bicicleta, que se cae si dejas de pedalear. Aunque es evidente que este modelo económico está completamente agotado, de hecho, los periodos de crisis ya son mucho más largos que los de bonanza, como estamos viendo de forma palmaria. Es decir, que la bicicleta ya está más tiempo en tierra que rodando. Estas crisis estructurales se arreglaban en el siglo XX montando guerras. Los conflictos bélicos son la mejor solución para eliminar la población sobrante y generar muchos años de riqueza, construyendo lo que previamente se ha devastado. Pero ahora, con el botón nuclear, todo es mucho más complicado.
 
Así pues, con tanto recorte, tanto impuesto, tanto despilfarro, y la cuota de corrupción inherente a un régimen político de estas características, es posible que, más pronto que tarde, la bicicleta se caiga definitivamente. ¿Y entonces qué ocurrirá? ¡Sorpresa!

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Modificado por última vez en Miércoles, 26 Junio 2013 11:53

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