Sin rumbo

Viernes, 11 Marzo 2022 21:09

La guerra desatada en Ucrania, entre occidente y la Federación Rusa, no es un enfrentamiento armado más, es un conflicto en el que se están ventilando asuntos superiores. El orden mundial está cambiando. El unipolarismo que surgió tras la guerra fría, cede ante un multipolarismo que emerge con fuerza. Aquí no hay ni buenos ni malos, cada bando defiende sus intereses y, en medio, el pueblo ucraniano que huye de las bombas. Lo mejor de todo es la ola solidaria que recorre Europa para ayudar a esa gente que sufre, aunque en Melilla los inmigrantes subsaharianos tienen que saltar la verja. Todo un contraste.

Si después de que se disolviera el Pacto de Varsovia y echara el cierre la Unión Soviética, la OTAN hubiera cumplido el compromiso adquirido y no se hubiese extendido hacia el este, acorralando a la Federación Rusa, seguramente no estaríamos donde estamos. EEUU es el principal beneficiario de esta contienda, por eso tenía mucho interés en que saltara la chispa. La invasión de Ucrania favorece las exportaciones norteamericanas de trigo, maíz, gas, petróleo y, sobre todo, armamento. Además, revitaliza una OTAN morimunda y desgasta a Rusia, una de las principales aliadas de Pekín, que es realmente el enemigo, el que le disputa el liderazgo a EEUU.

Entretanto, en Europa continuamos sin una política exterior ni de seguridad propia, siguiendo la ruta que nos marcan desde Washington, cuando los intereses europeos y de EEUU son diferentes. Los consejos del alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Josep Borrell, sobre cómo debemos reducir el consumo de gas, más propios del presidente de una comunidad vecinal, demuestran nítidamente la falta de ese rumbo. Las sanciones que se imponen desde la Unión Europea a la Federación Rusa, perjudican, sobre todo, a los países europeos. Renunciar a las relaciones comerciales con Rusia, a su gas y a su petróleo, lastrará mucho la economía europea, pero eso ya lo saben en Bruselas. Por eso nos dicen que nos preparemos para lo peor. Inaudito.

Es verdad que Rusia no es una democracia como Dios manda, es cierto que Vladímir Putin, amigo de Jair Bolsonaro, de Matteo Salvini, de Marine Le Pen o del propio Donald Trump, es un sátapra de mucho cuidado, sin embargo, desde Europa no le hacemos tantos ascos al régimen medieval de Arabia Saudí, que descuartiza a los periodistas vivos. Puestos a sacar defectos, en Ucrania, por ejemplo, los partidos comunistas están prohibidos y en EEUU, cuna de la democracia, para poder votar hay que inscribirse en el censo, norma que se estableció para dificultar el voto de los negros. Está claro que nadie es perfecto.


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