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Ignacio Belzunces Muñoz

Comedor social

Viernes, 17 Diciembre 2021 21:09

Hace muchos años, desde tiempos del Generalísimo, había dos comedores sociales, uno en el Puerto, junto a la Plaza de la Marina, y otro en Sagunto. Cuando hubo que empezar a recortar, ya en tiempos de la democracia, se cerró el que atendía a los necesitados porteños, que a partir de ese momento se vieron condenados a desplazarse todos los días hasta Sagunto para poder comer de caliente. Vivir a las faldas del castillo, hasta para los menesterosos, siempre ha sido más ventajoso. Así permaneció ese único servicio durante muchos años, hasta que, al final, los recortes también se lo llevarán por delante cuando concluya este 2021. Iniciativas Porteña, que desde hace años viene reivindicando un comedor social para los indigentes del Puerto, ahora ya se conforma con que no se cierre el de Sagunto, pero ni por esas.

La verdad es que este servicio nunca ha sido bien visto en el casco histórico, puesto que siempre se ha considerado un reclamo, un imán que atraía pordioseros de toda clase y condición. Por fin se cierra este servicio y ya se sabe: muerto el perro, se acabó la rabia; es decir, cerrado el comedor social, se acabaron los pobres. Esto no es más que el pan nuestro de cada día en esta sociedad hipócrita, a la que le importa poco que haya pobreza y desigualdad, lo que le molesta es que se exponga, por eso se redactan y aprueban ordenanzas contra la mendicidad.

Recuerdo que hace años se planteó en el Ayuntamiento, creo que fue a instancias de Esquerra Unida, que se creara un albergue en Sagunto, se armó parda porque enseguida se argumentó que iba a ser un foco de atracción de todos los mendigos de la contornada. La verdad es que con el cierre del comedor social se logran dos objetivos, que los excluidos sociales sean todavía más invisibles, que no es cualquier cosa, y el ahorro económico que supondrá la eliminación de este servicio, que tampoco está nada mal.

La verdad es que, a lo largo de estas décadas de régimen democrático, los recortes han ido dejando en las raspas lo que se ha dado en llamar el estado del bienestar. Las políticas neoliberales es lo que tienen, se bajan impuestos para que los más pudientes puedan pagarse con mayor desahogo sus buenos seguros médicos, sus colegios privados y sus planes de pensiones, mientras la mayoría de los mortales sufren una sanidad al límite del colapso, una educación muy mejorable y ven en peligro sus jubilaciones. La situación llega a tal extremo que, al ritmo que vamos, hará más por los pobres la Iglesia que el Estado. En fin, es lo que pasa cuando se bajan los impuestos y se vacían las arcas públicas, que al final hay que recortar.


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Modificado por última vez en Viernes, 17 Diciembre 2021 23:08

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