El otoño

Viernes, 25 Septiembre 2020 19:05

Hemos empezado ya el otoño, esa estación que hace que nos olvidemos del tórrido calor de agosto y de su incendiaria monarquía, que nos adentremos en unos días de temperaturas benignas, de aire agradable, de ambiente sosegado y de alguna lluvia aislada y deseada. El otoño es el reencuentro con un nuevo curso. Los niños preparan sus carteras nuevas, y las barcas se alejan de la costa en busca del atún. Las empresas anuncian sus estrategias para cuando empiece el año nuevo, y los ejecutivos desarrollan todo aquello que les hace pensar en el avance y en el progreso de sus empresas y de sus puestos laborales, lo que al final les reportará unos beneficios sustanciosos mayores que los del año anterior.

Sin embargo, este otoño es un otoño atípico. No sabemos cómo están los niños y los jóvenes en clase, ni si mañana podrán ir porque se han contagiado. No sabemos si tendrán que estar la mitad del tiempo en clase y el resto en casa, o qué, aunque cada una de las comunidades aporte sus ideas, y algunas sean incluso notables. El COVID-19 que nos asola desde marzo (o antes) lo ha cambiado todo. Nuestra vida ya no es como la que teníamos otros años, ni será como la teníamos planeada. La medicina ya no se practica desde los centros asistenciales sino por teléfono. Muchas de las gestiones administrativas que antes hacíamos personalmente ahora las hemos de hacer informáticamente. Cada vez nos aislamos más de los demás y de nuestro entorno, para enclaustrarnos en casa, encerrarnos frente a la televisión o frente al ordenador y esperar a ver qué pasa, aunque siempre hay alguno (o muchos) que, obviando todas las recomendaciones sanitarias, se dedican a festejar el fin de semana, como si pensaran que esto ya es el fin del mundo y hay que divertirse antes de que todo acabe.

El panorama que se nos presenta es en realidad un panorama cada vez más desolador. Si hacía dos o tres meses habían disminuido considerablemente los contagios y las muertes por el coronavirus, lo que nos había dado un germen de esperanza, ahora parece que el rebrote es cada vez más agresivo y más letal. Nos pintan una sociedad todavía peor que la que dibujó en su día George Orwell en «1984». El estado totalitario existe en la actualidad, revestido, eso sí, de democracia. Pensemos, por ejemplo, en los EEUU o en Brasil. Los nuevos apóstoles de la verdad (léase Bolsonaro y Trump, entre otros) rezan cada día por nosotros, mientras desprecian a la medicina tradicional y a la ciencia. No sabemos a dónde nos conducirá todo esto, pero las farmacéuticas se frotan las manos pensando en las nuevas vacunas que ya se avecinan, mientras la población en general está a la expectativa de que esas vacunas lleguen para hacer frente a ese COVID-19, que afecta de distintas maneras a las personas, que la mayoría de las que se contagian presentan síntomas de intensidad leve o moderada, y que se recuperan sin necesidad de hospitalización, pero que, sin embargo, a todos atemoriza como si fuera el más letal de los virus conocidos.

Todo esto nos hace pensar no en un otoño benigno y diáfano, como son la mayoría de los otoños, sino en una estación diferente, removida, sin unas metas claras, sin una esperanza renovada, sin expectativas, sin anhelos y sin ilusión. En fin, que Dios nos pille confesados, aunque confiemos, mejor, en la ciencia, en la medicina y en sus avances.


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Modificado por última vez en Viernes, 25 Septiembre 2020 17:16

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