La vuelta a los templos

Viernes, 22 Mayo 2020 19:05

Ya nos toca también a nosotros, a los católicos, iniciar el desconfinamiento. Sí, me gusta más decir desconfinamiento que desescalada, porque, la verdad es que precisamente no hemos estado escalando nada, sino más bien encerrados en nuestros hogares. En esta Fase I está prevista no la apertura de los templos al público, porque estar abiertos lo han estado, aunque no al público, pero sí para los celebrantes. Y aunque sea con un tercio del aforo, ahora los sacerdotes ya se pueden dirigir a sus fieles, ver sus caras, sus gestos y al hablarles escuchar sus contestaciones. ¡Ya había ganas por ambas partes!, porque los fieles nos hemos tenido que conformar con contestarle al televisor, pero a sabiendas que quien tenía que oírnos nos escuchaba. .

Hay muchos y diferentes templos, pero en esta ocasión hemos transformado nuestros hogares en templos, a sabiendas de que nosotros mismos somos como los templos. Somos diferentes unos de otros, pero cada uno somos una casa para el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo. El apóstol Pablo dijo: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? …el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16–17). Así pues, nuestro cuerpo es un templo para nuestro espíritu.

A pesar de todo, necesitábamos la presencia en las Eucaristías, junto a los hermanos. Necesitábamos orar juntos, darnos la paz aunque de momento sea sólo con un gesto y, sobre todo, recibir a Jesús sacramentalmente, pues hasta ahora lo hemos recibido espiritualmente.

En estos días escuchamos a deportistas, músicos y otros profesionales decir que necesitan la práctica de su actividad, que no podían estar sin ejercitarlo, y ellos lo han seguido haciendo transformando también su casa en un gimnasio o deleitando con su música a los vecinos . Pues bien, los católicos tampoco podemos vivir sin la práctica de nuestras actividades religiosas en común! ¡Nos necesitamos unos a otros!.

Sin embargo, para algunos la prudencia nos aconseja aguantar un poco más, ya que, debido a la reducción del aforo, los de edad avanzada y alto riesgo, creemos que es mejor no acudir todavía a las Misas abiertas al público. Vamos a esperar a ver si podemos hacerlo con más seguridad, pero no puedo negar que con cierta envidia sana, sobre todo a la hora de la comunión.

Por otra parte, vemos con cierto optimismo que, poco a poco, estamos venciendo a la pandemia, a costa, eso sí, de muchos sacrificios y gracias a la generosa entrega de quienes han expuesto, y en muchos casos perdido, su vida en el servicio a los demás. Por eso pido desde aquí pido una oración por todos ellos.


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