Titulados y autodidactas

Jueves, 31 Octubre 2019 20:09

Muchas veces no ponemos a las personas en el lugar que les corresponde, despreciamos o infravaloramos a los que no son de nuestra condición, y valoramos o estimamos, quizá demasiado, a los que consideramos que son de nuestro calibre, de nuestra posición o de muestra categoría.

Hay muchos que tienen complejo de «titulitis», y creen que por tener una titulación universitaria ya lo tienen todo hecho, y no se preocupan de crecer cada día en sabiduría y cultura, o de aumentar el ámbito de sus conocimientos en las materias que les interesan, para progresar en su trabajo o en el medio en el que se mueven; y piensan que son superiores a aquellos que no han tenido acceso a una formación como la de ellos, ni poseen un título como el suyo, y en algunas ocasiones llegan a relegarlos por considerar que son de una condición inferior.

En el extremo opuesto están muchos autodidactas, o por lo menos algunos, que aunque se preocupan de formarse cada día, sobre todo en aquello que es su trabajo habitual, desprecian también a los que tienen algún tipo de titulación, incluso a veces (conozco a más de uno) difaman a aquellos que poseen algún master o algún doctorado, pensando que, aunque puedan ser doctos en «su materia», son unos «mequetrefes» en cualquier otro ámbito. También conozco a muchos que sin leer nada se atreven a opinar de todo, y son capaces de defender las ideas más peregrinas sólo porque ellos creen que las cosas son como ellos piensan que son y no como son en realidad.

Creo que no hay que menospreciar ni infravalorar a nadie. Todos tenemos mucho que ofrecer y mucho que aprender de los demás, y todos tendríamos que ser lo suficientemente humildes y tolerantes con aquellos que desconocen ciertas materias que nosotros creemos dominar, porque pienso que cuanto más conoce uno una determinada disciplina más se da cuenta de lo mucho que todavía le queda por saber en ese campo; y si la ignorancia es muy atrevida y nos lleva a menudo a la prepotencia, el tener destreza o habilidad en algo no nos da derecho a relegar o a desairar a aquel que no la tiene. Recordemos, por ejemplo, a Platón, que aunque era un sabio en numerosas materias, fue capaz de dejarnos una frase que muchos deberíamos de aplicarnos: «Sólo sé que no se nada», con la que podemos ver cómo era de enorme su humildad.

Alguna vez he pensado que sería capaz de sacrificar todo lo que sé por todo lo que no sé; porque creo que por muchos conocimientos que tengamos (que no es mi caso, por supuesto), son infinitamente más aquellas cosas que desconocemos; y si cada uno ha tenido en la vida una determinada suerte o una determinada desdicha, aquellos que han tenido la fortuna de caer en una familia, o en un ámbito, que les ha facilitado el poder estudiar, deberían proteger, interesarse o comprender a los demás, a todos esos que no han tenido en la vida las mismas oportunidades que ellos y han llegado a la edad adulta con unos estudios escasos o primarios; pero estos también deberían ser lo suficientemente agradecidos para valorar esa comprensión, y para apreciar el que la vida, a pesar de ello, les haya ofrecido otro tipo de compensaciones para salir adelante con cierta holgura; pero a menudo ocurre que los que son capaces de salir de la nada, de labrarse una determinada fortuna partiendo de un estrato bajo y humilde, suelen actuar con esa prepotencia que la ignorancia imprime.


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