Negociaciones

Viernes, 02 Agosto 2019 13:12

Rotas las negociaciones entre el PSOE y Podemos, parece que aquí no haya nadie responsable del «no entendimiento» para que se pueda formar un gobierno más o menos estable en nuestro país, desbloqueando las instituciones y permitiendo que todo fluya con la normalidad democrática que todos deseamos.

El PSOE cree —y no tengo dudas de que lo cree de verdad— que los de Podemos sólo buscan carteras, sillones y poder, y no colaborar para que el proyecto socialista vea la luz. Los de Pablo Iglesias parece que piensan que son los socialistas los que no quieren bajarse del carro del gobierno y ceder, amparándose en que son el partido que más escaños ha conseguido (algo, por otra parte, que nadie cuestiona). Respecto a esto, tampoco debo tener dudas de que los de Podemos actúan con el corazón en la mano, y piensan que eso es así. Pero tendríamos que haber escuchado todo lo que en privado han comentado (y han exigido) Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (o sus representantes) para poder sacar unas conclusiones imparciales y claras, algo que nunca sabremos a ciencia cierta, y que ni siquiera sabrán muchos de sus correligionarios más cercanos, por lo que ahora cada uno va a opinar en función de su simpatía hacia uno o hacia otro, pero saber con exactitud en qué han cedido para llegar a acuerdos, me temo que va a ser difícil saberlo si no ha habido por medio luz y taquígrafos.

Todos conocemos las negociaciones que ha habido en tiempos pasados, por ejemplo, en Alemania o en Francia, para formar gobierno entre dos o más opciones del abanico político, y sabemos que en mayor o menor medida, siempre hay que claudicar en algo para intentar consensuar posiciones, de igual manera que en nuestros ayuntamientos o en nuestras comunidades ha habido que dar puntadas muy finas para poder coser piezas diferentes; pero muchos creemos que lo importante no es repartirse los sillones o las carteras. Lo fundamental es acoplar los programas para que sean más solidarios, más equitativos y que se beneficien de las políticas los más necesitados y no los mismos de siempre. Así de sencillo. Como en su día dijo Julio Anguita: «Programa, programa, programa».

Ahora parece que sólo queda intentar que haya una abstención generalizada por parte del PP y de Ciudadanos; pero, tanto unos como otros, piensan que el PSOE es el que tiene la responsabilidad de formar gobierno y no ellos de abstenerse para consentir que lo formen.

La derecha siempre se ha caracterizado por obstaculizar cualquier programa de gobierno que no sea el suyo, y si cuando han estado en la oposición, han sido férreos con el gobierno, cuando han estado gobernando, más que gobernar, lo que han hecho es imponer, o hacer oposición a la oposición, pero pocas veces llegar a acuerdos tácitos con los demás.

El PP, por otra parte, no recuerda que la abstención de todos los miembros del PSOE en la anterior legislatura, aunque muchos estuvieran a favor del «No es No», es lo que permitió que Rajoy y su equipo gobernara; pero, claro, eso eran otros tiempos, y ahora no hay que tener en cuenta que lo que han hecho los demás por mí, yo lo tenga que devolver. Para ellos, una cosa es recibir y otra cosa muy distinta es dar, y una parte importante de la derecha considera que no tiene que hacer nada por los demás. Eso demuestra el porte de hombre (o mujer) de Estado que cada uno tiene, y quién es el más envanecido y el más moderado.

Las izquierdas, sin embargo, no han tenido nunca la capacidad que han tenido las derechas para pactar incluso con sus enemigos (siempre que sean de derechas, claro); y si no se unen los moderados (PSOE) con la izquierda (Unidas Podemos) y los nacionalistas (Compromís, Bildu, ERC, etc.), nada positivo se va a conseguir.

Es muy fácil ahora para el tripartito de la derecha (por educación no quiero llamarle despectivamente trifachito) decir que el PSOE, si se considera un partido constitucionalista, no puede pactar con los terroristas de Bildu o con los separatistas de ERC o Junts per Catalunya; pero todos recordamos cómo el propio Aznar decía que en la intimidad hablaba catalán, aludiendo a su entendimiento con Jordi Pujol, y la ideología de Convergencia Democrática de Cataluña era nacionalista inicialmente y de tendencia independentista en sus últimos años. El mismo Aznar usó la figura de un «relator» cuando el PP negoció con ETA y se sentó a hablar con ellos en la ciudad suiza de Zúrich, llamando a ETA, en tono conciliador, «movimiento vasco de liberación»; pero todo esto pertenece al pasado y no quieren recordarlo muchos de los actuales dirigentes del PP.

Pero para resumir, deberíamos decir que las negociaciones tendrían que continuar, hasta conseguir que una mayoría de parlamentarios votase a favor de una formación y de un gobierno. No podemos enzarzarnos en debates interminables que sólo provocan controversias y enemistades. Nadie debe considerarse mejor que nadie, porque todos los votos tienen la misma validez; y si para salvar a la Tierra hasta el mismo Dios sería capaz de pactar con el Diablo, no es entendible que aquí en nuestro país se piense que la culpa la tienen los votantes por haber dispersado sus votos; no se concibe que haya que pasar de nuevo por las urnas, porque sabemos de antemano que los resultados van a ser muy parecidos a los anteriores; y sobre todo no es comprensible que nuestros políticos no tengan la suficiente capacidad para gestionar unas propuestas y para permitir que se forme un gobierno, por encima de sus ideales partidistas o de sus ademanes ególatras.


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