El siglo XXI

Viernes, 19 Julio 2019 12:41

Hay gente que no se emociona con nada; que no es capaz de emitir un suspiro; que nunca ha derramado una lágrima. Hay gente que tiene la sensibilidad en los talones, en el supuesto de tener un mínimo de sensibilidad. Ven en la televisión las imágenes dramáticas de una guerra y piensan que eso está muy lejos y no es de su incumbencia. Ven a un niño famélico y harapiento, y son capaz de decir que por qué lo ha tenido su madre, si ya sabía que ese iba a ser su destino. No hace mucho, una chica escribió en Facebook un poema sobre las miserias del siglo XXI, y alguien, en lugar de alabar su sensibilidad para describir semejantes desdichas, contestó: «¡Vaya lata!».

Estamos en un siglo en el que Occidente ha conseguido las mayores cotas de bienestar y progreso de toda la historia, pero también es un siglo que nos ha deshumanizado por completo; porque junto con ese progreso y ese bienestar conviven en numerosos países del tercer mundo la pobreza más absoluta y la desnutrición infantil; y nosotros, los que estamos protegidos por un salario que nos permite vivir con suficiente holgura, miramos a otro lado cuando vemos que hay gente en nuestra misma ciudad que malvive con el salario mínimo, gente que está en el paro, gente que ha sido desahuciada, o está a punto de serlo, y gente que no cobra ni siquiera la pensión mínima. Paseamos por las calles peatonales, donde las grandes firmas exhiben sus escaparates más lujosos, y mientras nos fijamos en las prendas que vamos a comprar para la próxima temporada, un pobre indigente, al que ignoramos, nos tiende su mano, mientras su perro está acurrucado junto a él. Y no le prestamos la más mínima atención; y yo entono el «mea culpa», pero después continúo por mi camino, olvidando al instante sus ojos implorantes.

Vivimos en un siglo en el que conviven descaradamente la opulencia y la escasez; y mientras las grandes fortunas se pasean en yates lujosos y aviones privados (el 1% más rico del planeta ya tiene tanto como el 99% restante, según asegura Oxfam), las cifras propuestas por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo indican que más de mil millones de seres humanos sobreviven con menos de un dólar por día; que 2.800 millones de personas, es decir, cerca de la mitad de la población mundial, viven con menos de dos dólares por día; y que 448 millones de niños sufren de bajo peso. En otras palabras, esa mitad de los habitantes de nuestro planeta está esclavizada por las penurias y las necesidades más acuciantes, mientras la otra mitad disfrutamos de los beneficios del progreso y de la sociedad de consumo.

Una parte de los más ricos de EEUU (los más altruistas) reclaman a su país leyes para que paguen impuestos más altos los que más poseen, o sea, ellos mismos, mientras el gobierno de Donald Trump mira hacia otro lado, posiblemente para que él, que está entre los más ricos, no tenga necesidad de pagar más impuestos, pensando que ya paga bastante.

En los momentos de mayor lucidez pensamos que los gobiernos más importantes del mundo deberían hacer algo urgente para solucionar este problema, pero esos momentos son tan escasos, que enseguida volvemos a nuestro lecho confortable y dormimos como niños. Y cuando estas noticias nos inundan, decimos: «¡Vaya lata!, ¿no?».


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Modificado por última vez en Lunes, 22 Julio 2019 11:34

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