La bondad

Viernes, 22 Febrero 2019 16:17

Todos, en mayor o menor medida, tendemos a juzgar los comportamientos de los que nos rodean, los de nuestros más allegados, los de nuestros familiares, los de nuestros amigos, incluso los de esos a los que conocemos esporádicamente y que entran y salen de nuestra vida de una forma fugaz. Juzgar a los demás, opinar sobre ellos o formarnos un concepto de lo que son nuestros semejantes, forma parte de lo más arraigado en nosotros como seres humanos, algo que la mayor parte de las veces no podemos evitar.

En algunas ocasiones nos hacemos una idea errónea de alguien, y con el paso del tiempo, y cuando lo vamos conociendo con mayor profundidad, podemos cambiar nuestra percepción, pensando de esa persona lo contrario de lo que inicialmente habíamos imaginado. Otras veces, un simple gesto, una palabra, una conversación, una opinión en un momento dado, nos hace también cambiar de criterio, pensando que estábamos equivocados respecto a ese concepto inicial.

Sin embargo, todos no actuamos con todos de la misma manera, es decir con unas personas actuamos de una forma y con otras de otra, y eso hace que unas personas nos valoren positivamente, y otras, en cambio, piensen de nosotros todo lo contrario, aunque hay excepciones. Cualquier madre, por ejemplo, va a defender a sus hijos a capa y espada, y muchas lo hacen hasta términos insospechados, pero eso no quiere decir que lo hagan porque sus hijos sean buenos, lo hacen, simplemente, porque son sus hijos.

No hace mucho, una noticia llenó los telediarios: La de una madre que se ocupó de limpiar a fondo toda la casa donde su hijo había asesinado con un cuchillo a su pareja, hasta el punto de que la Policía no pudo sacar ninguna huella. Para esa madre, su hijo, seguramente, era totalmente inocente, y no había que dejar huellas que lo inculparan.

Pablo Escobar era capaz de satisfacer los caprichos más extravagantes de sus hijos, por eso, para ellos, su padre era la mejor persona, aunque después actuara como todos sabemos que lo hizo con aquellos que no eran capaces de aceptar sus órdenes, o con aquellos a los que consideraba abiertamente sus enemigos.

Nadie está en posesión de la verdad absoluta, y la bondad y la maldad son cualidades innatas en todos los individuos, que en mayor o menor medida se dan en función del entorno en el que nos ha tocado nacer y vivir, del trato que hemos recibido durante nuestra niñez, de las amistades de nuestra juventud y del comportamiento que con nosotros han tenido los demás. Y nosotros valoramos la bondad de las personas que nos rodean en función de ese comportamiento, o de esa actitud que con nosotros han tenido, aunque para con otros actúen de diferente forma, y esos otros los juzguen de manera totalmente opuesta.


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