El desprecio a la ley

Viernes, 28 Septiembre 2018 12:39

Sin señalar a nadie en concreto, aunque supongo que se puede entender a qué me refiero, hay algunos frentes en nuestro país que abogan por un desprecio hacia la Ley, o hacia las leyes en general: Por pensar que éstas les perjudican; por creer que no hay leyes justas en función de sus ideales o sus creencias; por venir de un país opresor, que ha estado vulnerando sus derechos, despreciando su historia y arrinconando su cultura; etcétera.

Vivimos en un país democrático que, seguramente, no es todo lo idílico que debería ser; que tiene muchas lagunas que cubrir; que tiene muchas cosas que subsanar; que es imperfecto; y cuya transición no se hizo en las mejores condiciones; pero en el que la voluntad popular debe ser respetada, porque es la máxima expresión del pueblo.

Las leyes, igual que las normas sociales, están para cumplirlas todas, seas justas o no y sean beneficiosas para todos o perjudiquen los intereses de alguien. Las que sean injustas siempre son susceptibles de cambio, es más deben revisarse y hacer que sean aceptadas por una mayoría porque beneficien a esa mayoría, pero nadie debe, por el simple hecho de pensar que no se ajustan a su voluntad o a su conveniencia, dejar de cumplir. Lo que ocurre es que la Ley —las leyes— no van a beneficiar nunca a todos por igual, y tenemos la creencia de que un juez es justo cuando nos da la razón, y viceversa; pero los jueces se limitan a aplicar (o a interpretar) la Ley, simplemente; y a veces, cuando se le da la razón a uno se le quita al otro, y ese otro siempre va a pensar que se han vulnerado sus derechos, cuando no es así: es él el que vulnera los derechos ajenos, y además lo ve desde una óptica parcial y subjetiva.

En una dictadura la Ley es, desde luego, indigna, porque no es el resultado del complicado acuerdo entre todos sus habitantes sino del fácil «tejemaneje» entre unos pocos; por lo tanto, en una dictadura es legítimo desobedecer la Ley. Es más, no debería ni tan siquiera llevar ese nombre, porque sólo es el instrumento que poseen los ricos y los poderosos para dominar a los pobres y a los indefensos.

Pero en democracia las cosas son diferentes, o más bien opuestas. En una democracia, Ley, libertad y pueblo se identifican, porque la Ley es la expresión de la voluntad popular —no en vano ha sido establecida por los representantes elegidos por todos—, y por tanto constituye la única protección de los pobres y los indefensos frente a los ricos y los poderosos. Metafóricamente, la ley debería ser una muralla que protegiera los intereses de unos frente a los abusos de los otros. A esto, habría que añadir que, en democracia, las leyes injustas no se desobedecen: se cambian.

Durante la Guerra Civil Española, los republicanos luchaban por defender la legalidad. Y en la guerra, el desobediente, el rebelde, el antisistema era Franco, y muchos de los republicanos murieron luchando por unas leyes que eran democráticas; pero ahora —insisto— vivimos en una democracia, imperfecta, sí, que sigue perjudicando a determinadas clases, también; pero en nuestras manos está el hacer que cambien ciertas cosas, porque nuestros votos valen mucho, y a través de ellos, los gobernantes que elijamos pueden cambiar las leyes injustas. A eso es a lo que debemos aspirar.


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Modificado por última vez en Viernes, 28 Septiembre 2018 12:40

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