Croacia y las redes sociales

Viernes, 14 Septiembre 2018 10:45

Que las redes sociales pueden encumbrar a un personaje a la gloria es algo conocido por todos; que pueden hundir a alguien que no se lo merece, también lo conocemos; como sabemos que pueden falsear datos, crónicas o documentos, dando por hecho algo que no lo es, o quitándole importancia a algo que la tiene. Son el arma actual que muchos tenemos a nuestro alcance para expresarnos, y, como ha ocurrido siempre con la historia o el periodismo, si no hacemos un buen uso de estas herramientas, podemos estar dejando para la posteridad unos datos o unos hechos que o son falsos o no son verídicos en su totalidad, y en cada uno —o en la ética— de los que utilizamos a diario estas herramientas está el hacer un uso adecuado o nocivo de ellas.

Un ejemplo: Circula por las redes sociales que la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarović, entre otras cosas, bajó el sueldo de sus ministros y de los miembros del parlamento, eliminó la pensión vitalicia del presidente del gobierno, de los ministros y de los parlamentarios, cuando dejaran de serlo, suprimió también los coches oficiales que disfrutaban los políticos y el avión presidencial, pagando de su bolsillo incluso el pasaje y los gastos de viaje a Rusia para apoyar oficialmente a la selección croata, que ocupó un merecido segundo puesto en el último mundial de fútbol. Todo esto, creo que a cualquier ciudadano de a pie, que ve a diario cómo nuestros políticos disfrutan de una serie de beneficios y prebendas que los demás trabajadores no poseemos, le pueden parecer medidas adecuadas a nuestros tiempos para corregir la hegemonía y el despilfarro de ciertas clases sociales, que están acostumbradas a nadar en la abundancia a costa del trabajo y de los impuestos de los demás.

Sin embargo, al preguntarle a un guía turístico, en un viaje por ese país, sobre estos hechos, me indicó que él no podía hablar de lo que no tenía plena constancia, o de lo que consideraba simples rumores, lo cual me llevó a indagar algo más sobre Kolinda, y a descubrir que cuando estuvo estudiando en EE UU tuvo una relación estrecha con la derecha más reaccionaria; que después coqueteó con grupos neonazis y de extrema derecha; que su política sobre emigración no puede ser más restrictiva; y un largo etcétera que no es necesario detallar aquí.

¿Con qué nos quedamos, entonces? ¿Hemos de dar por buenos unos datos u otros?, aunque, si lo pensamos fríamente, ambas cosas se pueden dar al mismo tiempo y en el mismo personaje. Pero ¿a qué, o a dónde, podemos recurrir para verificar ciertas aseveraciones, cuando en la actualidad todo lo sacamos de Internet? ¿Estamos creando todo un mundo de falsedad del que en un futuro no vamos a poder librarnos y del que nos vamos a arrepentir? ¿Dónde podemos encontrar la verdad?

En fin, voy a olvidarme de Kolinda y de su devenir político, para quedarme sólo con las montañas frondosas y exuberantes de su país, que envuelven un mar transparente y sereno, un Adriático que serpentea entre infinitas islas desde Pula a Opatija, desde Rijeka a Zadar y desde Split a Dubrovnik; aunque las fachadas de muchas viviendas rurales todavía arrastran los ecos de una guerra reciente, y en muchos campos, las minas sembradas denotan que no todo se hizo desde una legalidad diáfana, porque el anclaje de esas minas sigue permaneciendo peligrosamente desconocido.

Aún así, la alegría en el semblante marca el deseo de que la paz anide entre las gentes, y algunos serbios conviven con los croatas originales, como si nada hubiese pasado entre ellos en un pasado, con la suficiente armonía para pensar que el destino de la raza humana puede ser loable; y de todo lo relacionado con este último párrafo sí que puedo dar fe, pues lo he observado directamente sin necesidad de acudir a ninguna red social.


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Modificado por última vez en Miércoles, 19 Septiembre 2018 12:03

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