Inquietudes

Viernes, 01 Junio 2018 16:42

Dos noticias que producen inquietud, y ambas relacionadas entre sí, inundan las páginas políticas de la última semana. Por una parte, la detención de Eduardo Zaplana, alcalde de Benidorm, presidente de la Generalitat Valenciana y ministro de Trabajo del gobierno de Aznar, entre otros cargos políticos; alguien con un gran poder en su currículum, y muy unido al propio Aznar y a Rajoy. Por otra, la condena por el caso Gürtel de Francisco Correa, Guillermo Ortega, Pablo Crespo, Luis Bárcenas, Alberto López Viejo y el PP.

A Eduardo Zaplana se le acusa de blanqueo de capitales y cohecho, es decir soborno; y al Partido Popular por la trama turbia en la que no sólo se había visto involucrado algún miembro del partido sino toda la cúpula; o sea, el propio PP nacional, como persona jurídica, que ha resultado condenado como beneficiario de ese «sistema de corrupción institucional», al financiarse la sede central del partido con una caja «B».

La actuación, y la caída en picado, de Eduardo Zaplana, es evidente que no es la única. Ni será la última. Ya hay 420 condenados, detenidos o investigados por la gestión del PP, entre ellos 3 expresidentes, 3 exvicepresidentes y 11 consellers de la Comunidad Valenciana, para los que el fraude, la estafa, el blanqueo de capitales y el cohecho, como los que han llevado a Zaplana a la cárcel, eran moneda de cambio. A todos ellos, como a tantos miembros del gobierno de Aznar, se les llenaba la boca vociferando contra las irregularidades del gobierno de Felipe González, cuando después estamos viendo de qué partido político son todos los que encabezan la lista de corruptos en nuestro país, máxime tras la reciente condena por el caso Gürtel. Está claro que el refrán «dime de qué presumes y te diré de qué careces» está aquí plenamente definido.

Sin embargo, parece que aquí no pasa nada; parece que el PP sigue confiando en sus votantes porque son leales; que esto son cosas aisladas de ciertas personas que ya no pertenecen al partido, o que ya se les ha suspendido de militancia; que hemos de pasar página, hablando de la importancia del partido para España y para la prosperidad de los españoles, y no de las personas que lo forman; que el PP es el más transparente de todo el panorama político español, y que sólo vela por los intereses de los ciudadanos, cuando los demás lo hacen por ellos mismos; que aquí el que la hace la paga, porque los tribunales de Justicia son implacables con todos… y bla, bla, bla.

Son implacables, en efecto, por eso se ha condenado, por primera vez en la España democrática, a un partido político. Ahora ya no pueden hablar de que son sólo las personas las condenadas, porque hay una trama condenable «dentro» del propio partido. Y todo esto produce cierta inquietud, al ver, no sólo quién nos gobierna, sino a quién votamos los ciudadanos para que nos gobierne.

En fin, esperemos que la ciudadanía tome nota de una vez por todas, tenga memoria y sepa actuar en consecuencia en las próximas elecciones.


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