¡Enhorabona!

Miércoles, 24 Mayo 2017 13:41

 

Despejadas las dudas en el Municipio sobre cómo repartirían los votos (215) los afiliados-militantes del partido Partido (84 a 80) de los, históricamente, más listos entre los listos, la vida sigue. Los Concejales y el Sr. Alcalde, con media legislatura consumida, siguen con sus fotos, y los Medios se aplican por difundir las noticias enlatadas que les suministran los Gabinetes de prensa, en donde nunca puede faltar un posado como el reportero gráfico manda. Sobre el periodo de escolarización, y sus novedades, poco se ha podido leer en las dos últimas semanas: prevalecían otros fuegos de artificio. No dejan de ser estos cinco renglones una mera entradilla, porque de lo que quiero escribir es de la vida misma, en su día a día.

Inmersos en la semana en que se tramitan las solicitudes para la escolarización/traslados de alumnos en el curso 2017-2018, las familias, intuyo, han debido vivir y experimentar la zozobra que supone, dado el Sistema Escolar vigente, tener un hijo/a al que matricular en un centro educativo por primera vez; o pretender cambiarlo, para mejorar, huir, o por circunstancias sobrevenidas. Se me antoja que si yo estuviera en esas circunstancias llevaría una temporada bañado en un mar de dudas e incertidumbres que me harían pasar algún mal rato a poco que considerara que un niño/a es sujeto de Derecho a la Educación(en la mejores condiciones) y no un paquete, fruto de una noche loca, al que aparcar.

Lo primero a valorar, decidir, decantarse o desistir, es si con tres añitos, incluso dos, lo voy, o no, a escolarizar. Aquí no se pasan muchas fatigas: la presión social, la corriente a seguir, los imperativos para después tener plaza no dejan apenas opción: lo escolarizo ya. Tomo posiciones.

Decidido esto, supongo que en función de mentalidades, recursos económicos, creencias, aspiraciones, racismos y xenofobias, y cómo cale la propaganda _incluso la experiencia previa que se tenga_ entre otras, toca decidir si enseñanza pública, privada (concertada) o privada a pelo (de supuesta élite). Esta decisión es de por sí difícil. Quiera que no “te retratas”. Te expones, dado el discurrir del devenir social. Si cobras 426 euros, facilísima.

Imaginemos que la familia, unida (descartamos los roces, discusiones, desencuentros, divergencias, imposiciones), decide intentar matricular a su retoño en un centro público. En general, creo, lo recomendable sería que pudiera ser en el más cercano al lugar en el que la familia habita: para hacer el recorrido a pie, no gastar en transportes y tiempos, que el niño pudiera relacionarse en el horario escolar con quienes podría hacerlo en el resto de horarios, etc. Es un criterio que pocas veces se cuestiona. Otra cosa es que, pueda ser. Se supone que se dispone de suficiente información para saber si el centro tiene unas instalaciones adecuadas, barracones, amianto; tiene comedor, tiene…, tiene…, tiene. Y, en los ´´últimos tiempos”, valorar qué es lo que conviene “que no tenga”: segregaciones, acoso, pasotismo, desidias…; plantilla inestable, “dictadura”, ocultismo, prepotencia, favoritismos, etc. Pero vas a tener puntos, y entras. Ufff, un respiro.

Lo limitado del espacio de que dispongo no me permite alargarme, ser más preciso, explayarme, profundizar. Añadir que para el curso 2017-2018, la familia, se supone que sabe y conoce en qué consisten las “novedades” y caramelos, dulces o amargos (según), sobre las que atenerse para decidir, pensando, según tu criterio, y no el del sistema en curso. Si la lengua materna de tu familia, por ende, de tu hijo/a, es el castellano, y quieres que la enseñanza básica, y el disfrute, la adquiera en esa lengua, creo que lo vas a tener crudo. Si el valenciano es la lengua en que le has dado el biberón estos años anteriores, lo vas a tener mejor, pero no te creas, lo mismo te la destrozan. Si aspiras a que el inglés sea la salvación a todos los males futuros, pues bueno, algo es algo, lo mismo hasta se maneja por twitter y entiende la etiqueta de la camiseta guai adquirida en el centro comercial. Total que: es lo que hay. Si has conseguido plaza pública en el centro cuyo patio de recreo divisas desde tu ventana, habrás conocido previamente, entonces, qué nivel Plurilingüe enriquecido (sic), en unos de sus seis niveles, le van a aplicar (supuestamente): distribución de áreas, tiempos y contenidos, plantilla disponible, estable o cambiante, motivada o huyendo. Y te habrán informado como progenitor, y usuario, por quién, cuándo, cómo se decidió. Si se elaboró, o directamente, se copió.

No es baladí haber conocido previamente si tu hijo va a “disfrutar” de jornada maratón continua (el profesorado, estadísticamente, estaría muy contento y motivado), o partida (¿refunfuñando?); con actividades extraescolares, o no. Y todo eso tenerlo en cuenta. En fin: que si has sobrevivido a tanta posibilidad de decisión, pero los astros no se han puesto favorables a tus aspiraciones, y tienes un galimatías en la cabeza y muchas incertidumbres, espero no caigas en eso que es la tentación y solución más fácil: lo aparco, desconecto, y ya está. Total no voy a disponer para “masteres” posteriores, y aunque salga con capacitaciones y diplomas habilitadores varios, discriminadores o no, lo mismo ya no estamos aquí.

Entra en la Web de la Consellería del ramo, y obtén alivio: en dos años de legislatura, tu hijo/a ya puede disfrutar de “escoles plurilingües, inclusivas, saludables, sostenibles i creatives” que te ofrece el sistema educativo valenciano. ¡Dos siglos esperando este momento y esta realidad!. La magia y la prestidigitación en estado puro. Pero lo mismo no encuentras ninguna de ellas. Si has sobrevivido al proceso sin rasguños ¡Enhorabona! El día 11 de septiembre tendrás la oportunidad de ampliar conocimientos.

 

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