Populismo

Viernes, 29 Julio 2016 15:34

En el último pleno municipal, quedó claro el encaje de bolillos que tuvieron que hacer algunos partidos para quedar bien ante tirios y troyanos, cuando en cuestiones de ética no se puede servir a dos señores. Los de Compromís, desde luego, se cubrieron de gloria. Me estoy refiriendo, como habrán adivinado, al debate originado a raíz de la propuesta presentada por el Partido Popular para declarar Sagunto «Ciudad Taurina», la moción sólo pretendía que se retrataran los tres grupos del tripartito. Al final no salió a delante, tal cual, porque lo que se aprobó fue «Sagunto reconoce los festejos taurinos de bous al carrer como tradición arraigada dentro de las fiestas celebradas en el municipio», que en el fondo viene a ser lo mismo, porque, claro, el máximo exponente de los festejos taurinos en este municipio es justamente ese, el de los bous al carrer. Por cierto, no fue impedimento para su eliminación, que los patos de las cucañas marítimas fueran una tradición muy arraigada dentro de las fiestas del núcleo porteño. ¿A que no?
 
¿Cómo es posible que un municipio, como el de Sagunto, con el recién estrenado Consejo de Bienestar Animal, apruebe una declaración como la que salió adelante en el pleno de julio? No deja de ser una contradicción, como también lo es que Sagunto se una a la red de municipios laicos y siga incluyendo, en su programa oficial de fiestas, misas solemnes y procesiones. Tampoco se puede decir que sea muy coherente que el pleno municipal acuerde convertir a Sagunto en ciudad por la Memoria Histórica para «dignificar» a las víctimas del franquismo y, al mismo tiempo, conserve todavía algunas calles rotuladas con personajes que ocuparon cargos públicos durante el régimen anterior o fueron ardientes defensores del Movimiento Nacional.
 
Por si faltara algo, recordemos también que en el pleno extraordinario de julio del año pasado, se declaró Sagunto, por unanimidad, «ciudad libre de desahucios».
 
Todas estas decisiones son a coste económico cero, representan poco esfuerzo y, encima, mejoran mucho la imagen del Gobierno local, al tiempo que elevan su talla ética, sin embargo, adoptar semejantes acuerdos también lleva implícito mantener con firmeza una determinada conducta. Un gobierno no puede declarar una institución libre de corrupción y luego meter la mano en la caja, por poner un ejemplo que todo el mundo entiende.
 
En definitiva, que nuestro tripartito ha promovido esos acuerdos para buscar un titular llamativo y acreditar que son los de la nueva política, aunque luego actúan como los de la casta, los de la vieja política, que se olvidan de lo comprometido. Así han quedado como lo que son…

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