Nos están preparando otra falsa realidad

Lunes, 16 Septiembre 2013 10:39

 
En este momento, en España, se mantienen en el mercado 6,77 millones de hipotecas vivas. Son datos del pasado junio que, obviamente, habrán variado poco. Lo normal es que cada uno de estos 6,77 millones de prestamos hipotecarios afecten, en el mejor de los casos, a dos personas, es decir, la pareja. Probablemente, muchos de estos créditos también estén respaldados por un tercer interviniente. ¿Quién no conoce algún caso en el que los padres de él o de ella, incluso los abuelos, hayan tenido que firmar como avalistas para que el banco autorizara la operación? En fin, que el endeudamiento por la adquisición de una vivienda se extiende, como poco, a más de 13,5 millones de personas, que es el doble de las hipotecas activas.
 
Dadas las magnitudes de las que estamos hablando, es bastante obvio que la cuestión no es baladí. Sería una frivolidad afirmar lo contrario, desde luego. Aunque, como todo, adquiere más o menos relevancia, según con lo que se compare. Si tomamos como base la población española, que en 2012 alcanzaba los 47,27 millones, se podrá concluir que el 28,55% de todos los españoles está hipotecado. No está mal, ¿verdad? Sin embargo, según la Encuesta de Población Activa, realizada por el INE en el segundo trimestre de 2013, el número de habitantes en España que se encuentran en edad de trabajar alcanza los 22,76 millones. Con arreglo a este segundo parámetro, más próximo al entorno poblacional de los que han suscrito los préstamos, se puede afirmar que del total de la población activa se encuentra endeudada el 59,31%, es decir, más de la mitad. Claro que, si únicamente se tienen en cuenta los que están ocupados, la cifra desciende, según la EPA, hasta los 16,78 millones de trabajadores. Pues bien, de acuerdo con este tercer dato, el 80% de los que tienen trabajo en España se hallan afectados por una deuda hipotecaria.
 
Teniendo en cuenta que el grueso de estas operaciones se firmaron en el primer lustro de este siglo, entre 2000 y 2005, es bastante obvio que estas obligaciones irán venciendo entre 2025 y 2030. Téngase en cuenta que las hipotecas se suscribieron a 20, 30 y hasta 40 años, por un capital medio que oscila entre los 110.000 euros del año 2004 y los 150.0000 del 2007. Todos estos datos ponen al descubierto que la realidad española es bastante grave, puesto que, con tantísimos millones de españoles endeudados, y a tantos años, es imposible que el consumo interno se pueda recuperar a corto o medio plazo. Es más, en el primer trimestre de 2013, según el INE, la proporción media de la renta salarial invertida en el pago de la hipoteca era del 30%. ¿Cómo puede haber consumo, destinando esa cuantía al pago de la casa?
 
En todo caso, existen algunos indicadores que, de cumplirse, pueden abrir una puerta a la esperanza. Efectivamente, según la Asociación Hipotecaria de España (AHE), un crédito hipotecario a 20 años tenía una vida de 8,8 ejercicios en 2002, que era la media de tiempo que se tardaba en amortizarlo. Incluso en menos, pues en 2003 ese periodo se acortó hasta las 7,7 anualidades. Pero claro, era la etapa de vacas gordas, donde todo se vendía y el nivel de ocupación era muy elevado. Acuérdense de que eran los tiempos de «España va bien», del ‘milagro económico’ del Partido Popular. A partir de finales de 2007, cuando revienta la insostenible burbuja inmobiliaria, que se fraguó en los dos mandatos del Gobierno de Aznar, los plazos de amortización de créditos hipotecarios se fueron dilatando en el tiempo. Tanto es así que, en 2012, cuatro años después de estallar la crisis, la misma AHE indicaba que el período de amortización de una hipoteca se había disparado hasta alcanzar una media de 13,27 años. Ni que decir tiene que esa cifra será superada en 2013, año de mayor deterioro económico por las políticas de recortes y reducciones salariales que ha puesto en marcha el Gobierno del PP. Es un hecho, como por otra parte es público y notorio, que los españoles están bastante peor hoy que en 2011, con independencia de lo que arrojen algunos datos macroeconómicos.
 
Por otro lado, estas previsiones de la AHE se pueden ver seriamente truncadas en cuanto se altere alguna de las variables que intervienen. No hay que olvidar que la crisis hipotecaria actual, cuyo aspecto más notable son los desahucios, se halla aún en un proceso muy primario, habida cuenta de que afecta principalmente a las familias en paro que han perdido sus rentas del trabajo, de ahí que no puedan pagar. Sin embargo, no hay que descartar que, a corto o medio plazo, también se contagien los hogares con ingresos medios congelados o en claro descenso, que verán muy agravada su situación por una merma severa en las percepciones salariales. Téngase en cuenta que la caída de los salarios no es ninguna tontería, está afectando de tal modo a la clase trabajadora que hasta se han resentido de modo estimable los ingresos por IRPF del Ministerio de Hacienda, que en el primer semestre de 2013 cayeron en 9.000 millones de euros, con respecto al mismo periodo de 2012. Para los que han perdido la referencia monetaria por el cambio de moneda, recordarles que ese montante económico de 9.000 millones de euros equivale a 1,5 billones de pesetas. Por otro lado, tampoco hay que descartar que el coste de la cuota mensual hipotecaria se pueda incrementar de modo notable, en el corto o medio plazo, en cuanto el Banco Central Europeo tome la decisión de subir el Euribor por aquello de frenar repuntes inflacionistas.
 
Mentían los socialistas cuando nos hablaban de brotes verdes y mienten los populares cuando aseguran que se ha tocado fondo y empezamos a salir de la crisis, porque aquí no se va a remontar esta situación, por lo menos, hasta bien entrada la década de 2020. Lo explicado más arriba respalda sobradamente esta afirmación. Es verdad que el PP, ante la cita electoral de 2015, ha guardado temporalmente la motosierra de los recortes, suavizando así el esfuerzo para reducir el déficit. Hasta ha lanzado algún guiño a sus votantes, anticipándoles que en 2014 bajara algunos impuestos. Todo ello, naturalmente, con la autorización de lobby neoliberal extremo que dirige la Comisión Europea, el BCE, el FMI y el Gobierno alemán. Con esta moderación transitoria en la política de recortes, Rajoy abriga la esperanza de crear una falsa sensación de recuperación económica, un espejismo que apuntale esas fraudulentas afirmaciones que se vienen repitiendo, un día sí y otro también, para tratar de convencernos de que ya estamos saliendo de la crisis.
 
Este espejismo que nos están preparando no tiene más objeto que engatusar a los electores para volver a conseguir su voto en 2015. Pero después de ese proceso electoral, quedará pendiente reducir el déficit público a más de la mitad del actual, lo que implica desmantelar el escaso estado del bienestar y adelgazar la administración del Estado en sus diferentes estructuras, poniendo en la calle a un millón de funcionarios. Los primeros despedidos serán los laborales. Pero esto ocurrirá en 2016, de momento ya le han asestado un duro golpe a los jubilados y pensionistas, que, en los próximos 15 años, van a ver devaluadas sus retribuciones en alrededor de un 30%. Claro que, para el 2028 ya se habrán pagado las hipotecas, por consiguiente, no será necesario ese colchón que, hoy por hoy, sostiene el colectivo de la tercera edad en socorro de sus hijos y nietos. En todo caso, a muchos de nuestros mayores les queda un triste consuelo: que dentro de 15 años estarán criando malvas y, en consecuencia, no sufrirán en sus carnes estas políticas tan antisociales del Partido Popular.
 

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Modificado por última vez en Lunes, 16 Septiembre 2013 10:54

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