Robarte un beso

Escrito por Carlos Gil Santiago
Viernes, 08 Septiembre 2023 21:05

No sé qué tienen los mundiales, pero cada vez que España gana uno, un beso se convierte en noticia. A mi parecer, y al de la mayoría, poco tienen que ver el beso de Casillas a Carbonero con el Rubiales a Hermoso, pero ambos pudieron parecer robados a primera vista y ninguna de las dos implicadas puso mala cara en un primer momento.

No voy a defender la estética del beso, ni mucho menos, porque no me parece necesario emplearme a fondo en algo así, pero, igual que resultó curiosa la condena de Al Capone por evasión fiscal (con lo buen chico que era), también es paradójica la de Rubiales por un beso con todo el historial que acumula el personaje.

Lo triste es que un país pase un mes hablando de esto y dejando atrás otras cuestiones que afectan mucho más a las “cosas del comer”. Aunque fuese agosto, este de 2023 no ha sido un agosto de vacaciones al uso. Tenemos pendiente decidir no pocos asuntos de relevancia, entre ellos, quien va a presidir el Gobierno de España en los próximos años.

Podemos dar gracias, al menos, que la euforia de Yolanda Díaz al reunirse con Puigdemont no acabara también en un beso, no vaya a ser que hubiese sido ese el detonante para determinar la imposibilidad de pactar con un señor, prófugo de la justicia tras atentar gravemente contra los principios de la Constitución.

Lo que parece estar cada vez menos claro es que no todo vale. La crisis económica y financiera de 2008, se llevó por delante una estructura de valores que parecían asentados en España y que, desde entonces, pasaron a ser recuerdo de un tiempo que pudo haber sido mejor. No es necesario recordar todos los acontecimientos sociales y políticos que han tenido lugar desde entonces, pero, a mi parecer, poco han aportado a la estabilidad del país.

Pero hay límites que la propia conciencia no debe dejar sobrepasar y plantear un acuerdo con el mayor estandarte, que no el único, de los rupturistas no es aceptable desde cualquier punto de vista democrático de un Estado con un mínimo de autoestima. Solo el hecho de desplazar a una vicepresidenta del Gobierno, aunque solo lo sea en funciones, hasta Waterloo para hablar con este señor, por el mero hecho de que él no puede venir a España, ya es sintomático de algo que no debería haber pasado jamás.

Aunque parezca olvidado para algunos, no hace muchos años de la disolución de ETA y fue, precisamente, la no negociación de sus condiciones la que llevó a disolver una banda terrorista que tanto dolor había sembrado en España, si bien su brazo político (también inmerso en el proceso de negociación de la pretendida investidura de Sánchez) sigue muy activo. Podría darse el caso que con el independentismo catalán (y con todos los procesos independentistas que pudiesen surgir con el tiempo) se diesen las mismas circunstancias y que sus pretensiones acabaran al ver que no hay negociación ni acuerdo posible con quienes no respetan la legalidad establecida en España. Pero, con Sánchez, esto solo es una utopía más con pocos visos de alcanzar el más mínimo éxito.

No tardaremos, salvo error de apreciación solo asimilable a un milagro, en ver un “beso” bastante más repulsivo que el de Rubiales. No sé si lo será al estilo afectivo de Sánchez con Iglesias o una nueva modalidad más efusiva entre Díaz y Puigdemont, pero sus efectos serán, como poco, igual de perniciosos. Mientas, los españoles, como es habitual, seguiremos mirando hacia otro lado o, más concretamente, hacia el lado que nos digan que tenemos que mirar.

Abusando de las bondades del lenguaje, fue “solo” un beso y fue Hermoso, aunque el beso no lo fuera. Puede que ella no supiera lo que iba a pasar cuando subió a aquella tribuna a recoger el trofeo como campeona del Mundial. Es probable que él tampoco supiera los efectos de aquella euforia, vistas todas las tropelías que habían pasado desapercibidas hasta ese momento. Pero son muchos los que no saben lo que ha pasado desde aquel día, mientras miran si aquel beso debió o no haberse dado. Mientras, nadie ha hablado de que España ganó el Mundial y tampoco lo mucho que podemos perder en un futuro inmediato.

A la próxima, si la hay, recuerda Rubiales que “solo sí es sí” y que, en España, robar un beso es mucho más punible que otras muchas cosas, y piensa si merece la pena que los españoles perdamos la perspectiva de la realidad a cambio de tus demostraciones desmedidas de euforia. ¿A que no?

Carlos Gil Santiago
Alcalde de Benavites

 

 

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