Miguel Álvarez Lozano

Miguel Álvarez Lozano

Melilla 1941. A los catorce años entró a trabajar como mecánico ajustador en Altos Hornos de Vizcaya, «La Fábrica», y pasó en ella toda su vida laboral hasta su jubilación. Aprendiz de todo y maestro de nada, colabora en este periódico desde el año 2003. Colaborador con algunas ONGs y con otros movimientos populares, cofundador del Cercle de Teatre y the nomeARSE Group. Seguramente un ingenuo, piensa que sus reflexiones puestas aquí negro sobre blanco puedan ser útiles a algunos de sus convecin@s. Con eso tiene bastante.

Viernes, 03 Abril 2020 19:06

Filántropos

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En situaciones como la actual surgen multitud de acciones solidarias de todo tipo. Los vecinos, la señora del estanco, el conductor del autobús, el conserje del cole de tus hijos, se destapan sorprendiéndonos con generosas actitudes, algunas de ellas muy meritorias. La gente sencilla, cuando la situación lo exige, son personas con mucha capacidad y espíritu de sacrificio.

Dentro de esta regla podemos incluir a aquellos que, por ser muy ricos, toman iniciativas millonarias para paliar algunos de los urgentes problemas que aquejan a nuestra sociedad en un momento determinado. Es el caso ahora, entre otros, de un señor de los más ricos del mundo: Amancio Ortega. Parece ser que ha puesto su capacidad industrial y su logística al servicio de la sanidad, parece que ha decidido ayudar a su país en estos difíciles momentos del mejor modo posible, socorriendo a sus gentes cuando más sufren y padecen.

Es de alabar que estas personas, ya que pueden, colaboren con el pueblo cuando más se les necesita. Y veo normal darles las gracias por ello. No dudo que estarán actuando con el mejor de los propósitos y buena fe, no lo dudo. Ahora bien, ellos mejor que nadie saben que lo que están dando no es más que una pequeña parte, unas migajas, de lo que nos deben a todos, porque no podemos olvidar que llevan toda su vida sin aportar a las arcas públicas lo que deberían. No olvidemos que, por otra parte, la deslocalización de sus empresas facilita la sobreexplotación de sus trabajadores y, además, los “sabios” desvíos de “sus” beneficios a paraísos fiscales.

Los currantes pagamos en impuestos directos un porcentaje de cuatro a seis veces más que ellos (solo pagan un 5 o un 6 % de aquello que declaran) Somos nosotros los que de verdad sostenemos las arcas públicas, el dinero que el Estado necesita para mantener los gastos generales del país, los impuestos indirectos, (el IVA y otros) aportaciones cuya inmensa mayoría sale de los bolsillos del pueblo llano a través del consumo.

Todo esto viene a cuento porque circula por ahí una petición pidiendo firmas para solicitar al Ayuntamiento de Valencia que le pongan el nombre de Amancio Ortega a una calle. Los peticionarios presentan a ese señor como si fuese un filántropo. Sería el colmo, que, con el dinero que este individuo, y otros, “legalmente” nos roban y nos deben, seamos aún tan panolis como para llenar de firmas ese tipo de peticiones.

Los promotores de esa memez nos toman por idiotas. Dichos promotores ni son inocentes ni ocultan su mala baba, pues piden, “de paso”, (¡ojo!) que se le de ese nombre a la actual calle Cataluña. Sin comentarios.

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Viernes, 27 Marzo 2020 19:08

Una oportunidad

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Parece que, poco a poco, vamos entendiendo que estamos en una situación especial, que algo nuevo, poco habitual para estas últimas generaciones está sucediendo. Al principio parecía increíble, pero ahora ya nos lo vamos creyendo. Nadie sabe qué puede suceder, estamos ante una situación muy abierta en la que cualquier cosa no deseable es posible que pase.

Lo primero que ya nos hemos tenido que plantear es adaptarnos, cada cual según y cómo sea su situación. Esto puede ir para largo. Lo mejor, para salir de esto de la mejor manera posible, es hacer caso al cien por cien a las instrucciones que provienen de las autoridades sanitarias y gubernamentales. Todo lo demás sería un ejercicio de estupidez e insolidaridad.

Está claro que esta crisis no va a ser una de tantas, que habrá un antes y un después, y que aquí y ahora, estamos inmersos en un importante momento de inflexión para la humanidad, por tanto, lo interesante sería aprovechar la ocasión para hacer lo que generalmente debemos hacer ante cualquier tipo de crisis: aprender. Deberíamos sacar provecho de esta oportunidad y reflexionar seriamente acerca de temas que antes, en situaciones normales, nos parecían lejanos o utópicos. Ahora que tenemos motivaciones especiales y tiempo para pensar, no estaría de más aprovechar para meditar acerca de la actitud que hemos de tener una vez que todo esto pase. Porque, seamos conscientes, esta crisis independientemente de su gravedad, por mal que pueda acabar, no es la peor amenaza que se cierne ante nosotros, me estoy refiriendo por ejemplo a un cambio climático que se nos viene encima sin que hasta el momento hayamos dado la sensación de querer enterarnos.

Esta crisis habría de servir para recapacitar sobre el modelo de sociedad que necesitamos, no para salvar al planeta, sino a nuestras futuras y no tan futuras generaciones. Si no tomamos consciencia, y por tanto conciencia, de las medidas y cambios que debemos realizar en nuestro actual sistema de vida y en los modos de producción; que este papel no es solo para los políticos ni del capital financiero; que tenemos un papel en la sociedad y lo más estúpido y suicida que podemos hacer es renunciar a jugar ese papel. No debemos ni podemos dejar las responsabilidades sociales en manos ajenas, los protagonistas hemos de ser todos. ¿No consiste en eso la democracia?

Hay una verdad incuestionable: los políticos suelen ser un fiel reflejo de sus pueblos. Es muy cómodo echarles la culpa de todo: aquí somos todos responsables. Este, ahora, es un excelente momento para reflexionar, repensar, meditar y profundizar en aquellas cosas serias para las que solo hace un mes parecía que no teníamos tiempo. Aprovechémoslo.

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Viernes, 20 Marzo 2020 19:37

¡Qué casualidad!

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El rey Felipe ha manifestado conocer, desde hace un año, las fechorías de su padre. Hasta un mentencato sabe que en una familia, y más en las reales, saben de qué van las cosas de casa (no tienen otra cosa que hacer). Por lo tanto (o por lo tonto) sabe de siempre como es el pedazo de padre que tiene. Y mire usted por donde, justamente ahora que alguna parte de esos “reales” múltiples chanchullos han salido a luz, se descuelga con que ya lo sabía y que lo deshereda, o se deshereda él, que para el caso es lo mismo. ¡Qué casualidad!

Y lo viene a decir precisamente ahora, cuando todo el país se encuentra absorbido y conmocionado por una epidemia que amenaza en constituirse en uno de los mayores desastres de los últimos tiempos, ahora que todo el mundo, desde el último empleado de la pollería hasta los funcionarios de la administración del Estado, incluyendo a los jueces, todos, estamos pendientes de adaptar nuestros quehaceres a este nuevo tiempo, además de, como cualquier otros hijos de vecinos, hemos organizar nuestras casas y familia adaptándonos lo mejor posible a las exigencias de lucha contra esta epidemia. Justamente ahora lo reconoce, ¡Qué casualidad!

Y ahora ¿casualmente también? es cuando los asesores de la Casa Real, (¿podría decirse con nocturnidad y alevosía?) aconsejan al hijo del Rey Emérito que se aleje de él, que ensucia, ¡caca! que está contaminado, que lo que toca ahora, es dejarlo terminar de vivir en paz, con sus rollos de siempre. Que ahora, además, es un nuevo momento, muy bueno, para hacer el papel que siempre hace la monarquía: realizar una declaración institucional para que todo el mundo sepa y se entere de que la familia real, especialmente el Rey, viven profundamente preocupados y les quita el sueño la situación del pueblo español, especialmente de aquellos más desfavorecidos por la fortuna y la salud. Que es ahora el momento de estar todos juntos (en torno a ellos) y que no tiene ninguna duda de que luchando y sacrificándonos (nosotros) saldremos adelante, unidos (en torno al monarca) como siempre hemos demostrado a lo largo y ancho de nuestra ya larga Historia.

Yo no soy monárquico, creo que se me nota, pero es que, además, los borbones son una familia muy especial. El primero de ellos, el de Anjou, Felipe V, francés, fue impuesto por las armas por el país dominante de la época, Francia. Luego vinieron los demás monarcas, que podrían ser clasificados en dos grandes grupos: los más malos que la tiña y el grupo de los peores, en el cual se encuentran Carlos IV, Fernando VII y Alfonso XIII. Y así hasta hoy.

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Viernes, 13 Marzo 2020 18:05

Miserias

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Me decepciona, aunque a estas alturas no haya muchas cosas que me sorprendan, la escasa valoración que percibo en general acerca de las primeras medidas del nuevo gobierno de coalición, aun en votantes de izquierdas. Por ello hoy quiero centrarme en algo muy concreto y que a mi entender es algo esencialmente básico: las subidas del salario mínimo interprofesional.

Consciente de que estas subidas afectan a solo una parte de la población trabajadora, sé por otra parte que hay medidas que solo parecen importar a aquellos que resultan afectados por las mismas, pero insistiré en que, si fuésemos mínimamente reflexivos, veríamos que estas medidas, como la mayoría de las que puedan tomarse, nos afectan a todos aunque sea indirectamente.

Que el salario mínimo se haya incrementado en más de doscientos euros significa nada más y nada menos para mucha gente el poder llegar a final de mes habiendo cumplido puntualmente con la hipoteca y/o poder abonar el recibo de la luz. Significa nada menos que, aunque a duras penas, dejas de pertenecer a ese numeroso grupo humano sumido en la miserable y humillante condena de que a pesar de tener trabajo no puedes acabar el mes, que te es imposible vivir decentemente, que vives forzado a recurrir a parientes y amigos o a la caridad para comer. (Te recuerdo que en este pueblo hay más de quinientas familias que tienen que recurrir al Banco de Alimentos)

Esta medida era algo que clamaba al cielo. Un síntoma de que se trataba de algo absolutamente imprescindible es el hecho de que tanto las tres derechas como la patronal, que tan atentas están a sacar rédito político a lo que sea, apenas han protestado: esta subida era algo tan imprescindible que hasta ellos tenían que asumirla. Y no se ha hundido el mundo. Lo mejor de todo es que esa medida que afecta como poco a medio millón de personas, al sacar, aunque solo sea parcialmente de la miseria económica a esa parte del pueblo trabajador, logra que en la misma medida salgan de la miseria moral, porque ¿qué dignidad le queda a una persona o a una familia que se ve abocada a mendigar, suplicar, pedir plazos, demora en los pagos, propinas por sus servicios…?

Que una parte importante de nuestra sociedad haya podido avanzar de modo tan crucial, salir aunque solo sea parcialmente de la miseria económica y moral, nos debe alegrar a todos, tanto por lo que a ellos les afecta como por lo que nos afecta a los demás, ya que en este mundo no existen ni pueden existir avances de ningún tipo si no vienen acompañados de la necesaria dosis de dignidad, tal como nuestro entrañable Pepe Mujica nos viene enseñando.

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Viernes, 14 Febrero 2020 19:19

Gandhi - Mujica

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Días atrás supe, a través de “Radio Macuto”, que el jueves 6, organizado por la Fundación por la Justicia y Derechos Humanos de Valencia, se iba a celebrar un acto en el Centro del Carmen en el que se le concedería a Pepe Mujica, el que fuera presidente de Uruguay, un premio por su defensa de los Derechos Humanos.

Un pequeño grupo fuimos temprano a coger sitio en la cola, para garantizarnos un lugar en la sala. Llegamos con más de una hora de antelación y, con tremenda sorpresa, nos encontramos que en la cola, a pesar de que se trataba de un acto a mediodía en un día laborable, ya habían varios miles de personas de todas las edades, clase y condición, esperando no sé qué, porque es obvio que el Centro del Carmen como mucho, incluso habilitando salas anexas con pantallas, solo podría acoger a unos cientos, y, que a la inmensa mayoría de los allí presentes nos sería imposible acceder a él.

No obstante, de allí no se iba ni se movía nadie y la cola crecía y engordaba. Y creció hasta llegar nada menos que al Pont de Fusta. No se percibía ansiedad en rostro alguno; ni impaciencia; ni malhumor. Todos teníamos la certeza de que no íbamos a poder entrar, pero no se perdía la sonrisa ni el aire festivo… ni abandonábamos la cola. Todos estábamos en lo mismo: aquello, sin pretenderlo, sin ser demasiado conscientes de ello, se había transformado en una especie de manifestación de afecto y admiración al sabio, al honesto, al líder, al HOMBRE, a Pepe, y a su vez también a Lucía, la MUJER, a esas personas que hoy el imaginario popular ha decidido que son los más legítimos representantes de, al menos, la honestidad y el sentido común.

Cuando al fin se abrieron las puertas, la cola avanzó un poquito. Éramos conscientes de que sería imposible entrar, y, sin embargo, allí estábamos, tranquilos, sonrientes y felices. Y así fue. Poco después, unos guardias urbanos recorrieron la cola para informar que las puertas estaban cerradas y que eso era todo.

La reacción de la gente siguió siendo la misma: tranquilidad y sonrisas. El aire continuó siendo festivo. Poco a poco nos fuimos disolviendo, volviendo a nuestras casas y cosas. Otros se quedaron un rato más gritando frases como “Que salga Pepe” y cosas así.

Aquello me impresionó, recordé a Gandhi, en Nelson Mandela, en el Che… y tomé consciencia de que son contadas las personas que poseen ese poder de convocatoria, ese marchamo de dignidad y honradez, y me alegré de que, por ahora, el último de ellos, aunque no sea valenciano al menos se llame Pepe.

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Viernes, 07 Febrero 2020 19:42

Películas

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De joven, alguien me enseñó que el secreto de las artes marciales orientales (en aquel tiempo estaba de moda el jio-jitsu) consistía en saber aprovechar la velocidad y fuerza del contrario. Desde entonces procuro tener en cuenta esta norma y aplicarla siempre que pueda en toda clase de problemas.

Viene esto a cuento debido a una observación que vengo realizando desde hace tiempo. ¿No os habéis preguntado alguna vez cómo es que haciendo tanto tiempo que pasó la II Guerra Mundial se hable tanto de campos de exterminio nazis, y que nos programen tantas películas y documentales sobre ello? Cierto que la cosa fue horrible e inhumana, pero ¿es que acaso los judíos fueron las únicas víctimas de los nazis? ¿no es cierto que los primeros en caer fueron los rojos, gitanos y homosexuales, y, que cuando los nazis empezaron con los judíos terminaron con los pocos rojos que les quedaban? ¿Le preguntamos sobre ello a los refugiados republicanos españoles que estaban en Francia?

Si nos dejamos llevar por esta impresión parece que la dichosa guerra fue contra los judíos, algo absolutamente falso. Es criminal lo que les hicieron, pero también lo fue lo que la Inquisición les hizo a ellos, y no solo a ellos, y no nos meten entre pecho y espalda tantas películas sobre la Inquisición.

Si sigo reflexionando sobre el tema, recuerdo lo del jiu-jitsu y llego a la conclusión de que alguien tiene que estar detrás de este lagrimar en el que han convertido el Holocausto: alguien tiene que estar aprovechando la fuerza de aquel horror en su provecho, y, entonces entiendo que la explicación de repente se ha hecho evidente. ¿No lo adivinan? Pues es muy fácil, solo hay que hacerse una pregunta: ¿A quién puede interesarle hablar a todas horas de algo que sucedió hace más de setenta años? Ahora sí que lo habrá adivinado. No hay duda: a quién más le interesa es a quién está haciendo eso mismo HOY. Unos que saben mucho de artes marciales: los sionistas.

Obsérvese que, al igual que cuando hablaba del Holocausto distinguía perfectamente a los nazis de los alemanes, igualmente distingo a los judíos de los sionistas. Lo que tengo claro es que, desgraciadamente, entre la multitud de graves problemas que tiene la Humanidad, uno de los más relevantes es el estado de Israel, un estado fundado y regido por sionistas, un estado que ha desestabilizado toda la región y que está haciendo con los palestinos lo mismo que los nazis hicieron con los judíos, que están exacerbando a los musulmanes llevándolos al jihadismo y a guerras santas prácticamente suicidas.

Piense en eso cuando le pongan un nuevo documental o película sobre campos de exterminio nazis.

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Viernes, 31 Enero 2020 19:55

La quimiofobia

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Hace ya varios lustros que en conversaciones acerca de alimentos y productos higiénicos como cremas, perfumes, desodorantes, o vacunas, se viene oyendo, cada vez con más frecuencia, la frase “esto tiene química”, dicho lo cual parece que ya no haya mucho más que añadir. Se trata de unas frases que, pronunciadas en el contexto al que me refiero vienen cargadas de negatividad, ya sea por desprecio o temor a esa ciencia tan “peligrosa” y “nociva”.

Al parecer, según quienes así se expresan todo el mundo sabe o debería saber que la química es algo muy peligroso y perjudicial, una amenaza para nuestra salud, y que, por desgracia, está muy presente en este mundo moderno donde las grandes corporaciones farmacéuticas, petroquímicas, etc, juegan con nuestra salud con la complicidad expresa de los gobiernos y sus departamentos y agencias sanitarias.

Nada más lejos de la realidad. No hay que ser ningún lince para darse cuenta de que en un mundo tan complejo como el actual, sería imposible la vida si no hubiese una decidida intervención de las autoridades sanitarias para evitar epidemias, intoxicaciones, tanto individuales como también masivas, alimentos y productos para el hogar en mal estado o faltos de control sanitario. Para lograrlo es vital y absolutamente necesario el uso, acertado por supuesto, de productos químicos. Y ¿quién está llamado a controlar esto? El Estado, por supuesto, a través de sus organismos competentes, dotados de excelentes profesionales, laboratorios y medios, incluyendo los coercitivos, para poder ser garantes de una sanidad pública adecuada a los problemas reales existentes y futuros.

Tenemos la suerte de vivir en un país que está entre los mejores dotados de estos servicios tan vitales para la salud y el desarrollo humano. Es de poreguitas o desinformados quejarse continuamente, o por costumbre, de “la química”, simplemente por desconocimiento de la gran función que esta cumple y ha cumplido desde que el hombre descubrió y empezó a usar el fuego.

A los que hablan de química sin reflexionar demasiado sobre el alcance y la negatividad de sus palabras, les pediría que entiendan que cuando se juntan felices, en familia, sacrificando un pollo, un conejo, y lo mezclan con arroz, garrofón, tomate, etc, después del feliz proceso al que someten a estas viandas al fuego, consiguen un producto químico llamado paella, un producto de primera, tan bueno y tan sano como el agua del grifo, a la que se le ha echado cloro para garantizar que dicha paella pueda ser evacuada sin que una diarrea te pueda costar un serio disgusto. Por suerte, si estos argumentos no te convencen, siempre podrás irte a vivir a Burundi o Angola. Allí estas y otras cosas suelen estar “libres” de química.

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Viernes, 24 Enero 2020 18:27

Vasallos

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Define la RAE al vasallo como persona que está al servicio de un señor feudal.

Me he llegado a preguntar por la definición de dicha palabra gracias a una cadena de pensamientos que partía, cosas de la mente, de la caída de otro viejo tramo del Pantalán. Se trata de la misma historia de siempre, la de una muerte anunciada. A nadie le ha podido sorprender tal cosa. Ahora, las decisiones que se puedan tomar sobre este tema están absolutamente condicionadas en negativo: ¿Quién puede aspirar a la remodelación para uso público de tal desastre? El Pantalán es ya hoy una auténtica ruina en el más amplio sentido de la palabra, ruina, que al proceder de los años setenta no tiene, ni puede tener, la consideración de ruina histórica ¿Quién pagaría tal despilfarro?

Hemos llegado ahí (lo cuento por si hay alguien que aún no lo sepa) por el abandono y falta de mantenimiento en que la Autoridad Portuaria lo ha tenido desde que se hizo cargo de él. Uno puede ser el propietario del gorila más grande y más fuerte del mundo pero si no le da de comer el gorila se muere. Y así ha sido: Gloria ha terminado por rematar al Pantalán y el pobre se ha muerto, dios lo tenga en su Gloria. No tengo ninguna duda de que alguien, en su fuero interno, lo estará celebrando.

Irónicamente, con esta muerte la Autoridad Portuaria se ha quitado un muerto de encima: están aquí para ganar dinero, no para gastarlo en esas bobadas que tanto gustan a los porteños. No ha servido de nada que nuestros alcaldes hayan pertenecido y pertenezcan al Consejo de Administración: estos han hecho como de costumbre, (me viene a la memoria el Consejo de Administración de Aguas de Sagunto) de convidados de piedra.

Tengo claro el mal sabor de boca que la caída del pantalán estará produciendo en mucha gente de mi pueblo, sé, o creo saber, que esto va a producir también una gran sensación de impotencia y cabreo interior, pero sé también que nadie va a moverse por esto. El Puerto, sus gentes, en su mayoría pertenecemos o venimos de la clase obrera, venimos del gran colectivo de los perdedores y sabemos distinguir desde un primer momento cuales son las batallas que debemos dar y esa, la del pantalán, ya es una batalla perdida.

Hoy, ante esta nueva derrota, me siento más unido que nunca a mi gente, orgulloso a pesar de todo de mi pueblo. Pensando en ello, cuando he podido ver la imagen destrozada del pantalán, me ha venido a la mente el verso 20 del Cantar del Mío Cid: ¡dios, qué buen vasallo si hubiese buen señor!

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Viernes, 17 Enero 2020 18:51

Postes

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Cada año, por estas fechas, suelo hacer de esta columna un buzón de sugerencias bienintencionadas pidiendo, por ejemplo, que se haga alguna actuación en la Gerencia, aunque solo sea (menos no se puede pedir) un plan consensuado de uso de este patrimonio público, un plan que recoja y deje bien perfilado, negro sobre blanco, el futuro que queremos dar a este bien. Normalmente en mis columnas y en las de otros compañeros escribidores, transmitimos a nuestros políticos las inquietudes de nuestros conciudadanos, vamos recogiendo y señalamos actuaciones (y no-actuaciones) con las que no comulgamos, discriminatorias, o que detectamos que no van en una dirección lógica o positiva.

Este año, después de estar bien asentado el nuevo equipo de gobierno local, después de haber cumplido varios cientos de días de mandato, se detecta que esta legislatura corre el peligro de pasar en blanco. Por lo que se ve da la sensación de que este equipo municipal, de seguir así puede pasar a la historia, no por lo que hará, sino por lo que no hizo. Por eso, señor alcalde, le señalaré un problema que seguramente usted considerará menor, pero que reiteradamente solemos señalar los escribidores locales, las asociaciones de vecinos y otras entidades porteñas: los numerosos viejos y carcomidos postes de la luz en medio de unas aceras que, en muchos casos, no llegan a medio metro de anchas.

Es posible que usted, por ser de Sagunto, por joven y por no haber sido residente durante años en el pueblo, no sea demasiado consciente de la importancia que ese problema tiene en el Puerto. Perdone mi atrevimiento, pero siento que debo explicárselo por si no es demasiado consciente de ello: los postes a los que me refiero, además de conferir al pueblo un aspecto tercermundista y ruinoso, contienen en sí mismos un gran peligro porque muchos de ellos están podridos en sus bases y son portadores de mazos de cables tendidos que van, en ocasiones de una a otra acera. No tengo la menor duda de que, siguiendo una vieja costumbre española, esto se subsanaría al día siguiente de que cayese un poste provocando la muerte de alguien. ¿Es eso lo que estamos esperando?

Debería (me sigo dirigiendo a usted, que pertenece al grupo de políticos a los que les gusta hablar de accesibilidad) hacer la prueba de hablarle de ello a aquellas personas mayores, o que van en sillas de ruedas por estrechas aceras, algunas de menos de treinta centímetros, en las que, además de tener que librar coches aparcados, nuestro Ayuntamiento coloca sus árboles, sus papeleras, sus señales de tráfico y demás impedimentos, y donde, para colmo, tras varios decenios continúan aún sin eliminarse los postes eléctricos.

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Viernes, 10 Enero 2020 19:32

Feliz Año Nuevo

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¡Ya tenemos gobierno! Por fin se han resuelto, al menos momentáneamente, algunos de los dilemas que prácticamente tenían sumido a este país al borde de la depresión colectiva. Tenemos gobierno ¿y ahora qué? ¿Va a cumplir el PSOE los acuerdos programáticos con Unidas Podemos? ¿Se van a hacer de izquierdas de la noche a la mañana? Pero no nos adelantemos. Dejemos que ellos mismos decidan lo que van a hacer. De momento disfrutemos de la alegría que supone para muchos españoles el haber vivido el histórico hito de ver a un partido de izquierda en el gobierno, aunque solo sea en un papel secundario, algo que no ocurría desde abril de 1939, ¡ochenta años!

Disfrutemos el momento. Luego, no cabe duda, vendrán las penas, esto es así, pero hoy disfrutemos el momento. A mí particularmente me ha regocijado bastante contemplar a Abascal, Casado, Arrimadas, pero especialmente al diputado de UPN, García Adanero, destilar veneno por la comisura de los labios ante la evidencia de que el gobierno de España, por un tiempo, solo por un tiempo, se alejaba de ellos. La verdad es que se les veía que lo estaban pasando muy mal. Quizás se deba a que les falta costumbre de no estar al mando, no quiero llegar a pensar que eso les pasa por no ser demócratas, precisamente ellos que presumen frente a los catalanistas de constitucionalismo. Digo yo que no será por eso.

Lo que me ha emocionado, y mucho, ha sido ver a Pablo Iglesias llorando a moco tendido rodeado de los suyos después de la sesión. Y creo saber por qué: este hombre estos últimos años ha debido pasárselo muy mal viviendo las deserciones en sus propias filas de personas notables, significativas, que los medios convertían en más notables y significativas de lo que eran para, deliberadamente, hacer daño al propio Iglesias; ha tenido que luchar, junto con Garzón y otros, para que su propio partido no siguiese las tesis ni asumiese las renuncias que la prensa les indicaba que debían hacer. Ha debido ser muy duro y habrán debido también sentirse, a veces, muy solos y mal acompañados.

Felizmente el tiempo y su propia perseverancia les ha dado la razón y han conseguido torcerle el brazo a Sánchez y a su Pepito Grillo, Iván Redondo. Lo que sí es de temer es que, a partir de ahora, ni Sánchez ni Iglesias podrán dormir tranquilos ni una sola noche, pero ahora por razones reales: las tres derechas reconocidas y los partidos nacionalistas, las derechas disimuladas, no van a parar de incordiar a un gobierno que puede ser muy fuerte en sus convicciones y empeño, pero muy débil en el Parlamento. El tiempo dirá.

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