Ainhoa Alberola Lorente

Ainhoa Alberola Lorente

Puerto Sagunto, 1992. Graduada en Periodismo y en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universitat Jaume I y Máster en Ética y Democracia (UJI-UV). Es técnica de comunicación en Podem y portavoz del círculo Podem Morvedre. Feminista e implicada en movimientos por la transformación social.

Viernes, 19 Junio 2020 19:07

Nuestro pequeño gran comercio

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No me imagino un pueblo sin pequeños comercios, sin escaparates ni luces o clientela que entra y sale, qué triste sería pasear por sus calles. Los comercios de proximidad son los que acaban siendo nuestros proveedores de bienes y servicios más cercanos, no solo a nivel físico, sino también por la atención personalizada y este tipo de negocios estás pasando por serias dificultades después de haber tenido que bajar la persiana durante tres meses de confinamiento. Ahora que abren de nuevos sus puertas, qué alegría me da poder volver a visitarlos de nuevo... Bajar a la papelería donde ya nos conocemos o al bar en el que saben qué voy a tomar, porque es así, no hay nada mejor que el comercio de proximidad. Ahora más que nunca toca apoyarles y estar con ellos y ellas, pues son los que han estado cerca de la gente en los tiempos duros y los que más difícil lo tienen ahora para volver a ponerse en marcha. En muchos comercios de barrio se han esforzado por atender a los vecinos y vecinas en tiempos de pandemia, llevando las compras a casa e ingeniándoselas como han podido para seguir prestando servicio. En nuestro pueblo ya hemos vivido de primera mano lo que supone la desaparición del comercio de barrio de nuestras calles y no nos podemos permitir que más comercios sigan bajando la persiana. Por ejemplo, pienso en cómo eran las tardes en lugares como la avenida 9 de octubre de Puerto de Sagunto, el bullicio de la gente haciendo sus compras y lo vacía que suele estar ahora y me entra una profunda tristeza.

En estos tiempos muchas PYME y autónomos han podido sobrevivir gracias a las ayudas que han dado las administraciones y el aplazamiento de impuestos, pero es el momento de ir más lejos, porque quien más daño hace a los pequeños comercios son las grandes multinacionales del comercio electrónico que apenas pagan impuestos en nuestro país y tienen beneficios multimillonarios, es el momento de ser más exigentes a nivel fiscal con estas empresas para poder rescatar a las más pequeñas, como se planea hacer muy pronto con la llamada ‘tasa Google’. Y es que, por ejemplo, en 2019, Amazon facturó 2.168 millones de euros con sus ventas en España mientras que la tributación de la parte del negocio que da beneficios la hizo y sigue haciendo en Luxemburgo. Igualmente, también son necesarias políticas que ayuden a la digitación del comercio más humilde, que necesita formación, financiación y apoyo para poner en marcha iniciativas que permitan aunar la comodidad de las compras online con la supervivencia de las PYMES.

Aunque las políticas públicas son las que tienen mayor capacidad de equilibrar la balanza, las consumidoras también tenemos el poder de apoyar a determinadas empresas o decidir no apoyar a otras. En el mundo capitalista en el que vivimos sería irreal por mi parte pretender que cada compra que hacemos sea absolutamente ética, pero vale la pena pararse a pensar un segundo si ese gasto que tenemos pensando hacer irá a la cuenta de resultados de una gran multinacional o directamente al bolsillo de una familia que vive gracias a ese negocio de barrio. En esta ‘nueva realidad’ nos podemos hacer este pequeño propósito, para ser más solidarias y solidarios con nuestros vecinos y vecinas. Recuperemos la sana costumbre de salir a hacer compras dando un paseo, renovemos el armario gracias a las tiendas de ropa que quedan desperdigadas por el entramado urbano, compremos un libro allí donde una persona especialista nos podrá recomendar algo adaptado a nuestros gustos o adquiramos productos frescos donde miran al detalle la calidad. Con pequeños gestos podemos ser más amables con el medioambiente y con nuestra comunidad.

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Solo un fascista se siente amenazado por los antifascistas. Solo un presidente como Donald Trump es capaz de escribir que los grupos antifascistas son terroristas y quedarse tan ancho. Ante el fanatismo de personas como él, el orgullo de todas las que nos sentimos antifascistas. Somos todo lo que odia la extrema derecha, somos antirracistas, feministas y solidarias. Defendemos aquello que construye un mundo mejor, con libertades, derechos y justicia. No podemos sino recordar que el pasado 8 de mayo fue el Día de la Victoria, declarado día oficial de la Unión Europea, un día en el que los europeos y europeas celebramos el triunfo de los valores antifascistas en la II Guerra Mundial, el triunfo de los pueblos y la democracia ante el terror del nazismo y el fascismo. Defender los valores antifascistas es defender la memoria democrática de nuestros pueblos, pretender ilegalizar unos valores que únicamente responden a la democracia y los derechos dice muy poco de un presidente y unos seguidores que quieren reactivar debates que ya estaban cerrados. Es curioso que en estos momentos, donde la brújula de los derechos humanos nos sigue guiando en medio de la oscuridad de la decadencia neoliberal, se quiera volver a abrir el melón del fascismo.

Aquí, en España, sus buenos amigos de Vox no han tardado en salir a hacer palmas al presidente norteamericano, demostrando que se identifican con Trump, un racista declarado. Esta semana la excusa para escampar xenofobia sin ningún pudor ha sido el Ingreso Mínimo Vital que, dicen, creará un efecto llamada sobre la inmigración. Saben que es mentira pero no les importa, únicamente quieren intoxicar con su odio a la diversidad. Después de haber intentado desprestigiar esta medida llamándola “la paguita” han recapacitado para pensar que quizá sí que es una medida necesaria para que quien no tiene nada pueda cubrir sus necesidades básicas, eso sí, solo para los españoles, dentro de una noción absolutamente limitada y excluyente de lo que significa ser español. Hay que tener cuajo para agitar la bandera del racismo precisamente en el momento el que vivimos un despertar global en contra de la discriminación racial, después de la muerte violenta de George Floyd a manos de unos policías que ha conmocionado al mundo entero. Miserables ricos de cuna que no son capaces de ver más allá de sus privilegios y consideran que existen seres humanos que son de segunda. Confesaré que veces pienso que han salido de una puerta del Ministerio del Tiempo que conecta con la España de 1939.

Mientras intentan dinamitar el consenso alrededor del antifascismo y antirracismo siguen en su empeño de hacer lo propio con el feminismo, intentado atribuir a este movimiento la expansión del virus. Si el 8M sigue en el punto de mira mientras que se dejan pasar otras aglomeraciones de gente en esas fechas como competiciones deportivas, transporte público, centros de estudios o actos políticos no es ciencia ni es salud, es simplemente misoginia, además de que 15 días después (el tiempo de incubación del coronavirus), no se observó ningún pico de casos que destacase en la progresión de la transmisión. De informes falsos a grabaciones robadas, muchísimo empeño en desacreditar el feminismo ponen los que viven muy acomodados en el patriarcado, pero se equivocan mucho si creen que nos detendrán, porque con pandemia o sin ella el avance de la igualdad es imparable; que sigan enfangado, que es lo único que saben hacer, mientras desde los gobiernos conquistamos progresos para las mujeres y no solo para las mujeres, para las personas racializadas y para las desfavorecidas, aunque les joda, somos antirracistas, feministas y solidarias y estamos en el gobierno de España y en el de la Comunitat Valenciana, mejorando la vida de la gente cada día.

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Viernes, 22 Mayo 2020 19:07

No es verano para fachalecos

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El calor ya está aquí, la pandemia empieza a remitir y poco a poco vamos avanzando en la desescalada, por eso no es tiempo de fachalecos, esa prenda, mezcla de plumífero y chaleco, tan apta para las cacerías pero tan poco apropiada para el verano. No es momento de montar el pollo en las calles porque en lo político tenemos que estar unidas y en lo sanitario tenemos que respetar al milímetro el confinamiento para que no haya un rebrote. Seguramente una petición demasiado exigente para los líderes de la derecha y de la extrema derecha que estos días andan alentando las protestas.

Dividen en el Congreso y son insolidarios cuando votan que no a las sucesivas prórrogas del Estado de Alarma y cuando animan a la gente a agitar su odio y a manifestarse sin cumplir ningún tipo de distancia de seguridad (porque no, las banderas no son un método de profilaxis). Osan ir a esas manifestaciones envueltos en la bandera de España, la bandera que debería representarnos a todos y todas, pero que lamentablemente no lo hacen porque una parte de la población la utiliza para agredir y excluir.

Miserables que han reducido el amor a la patria a llevar una rojigualda cuando están muy lejos ser patriotas, porque serlo implica querer lo mejor para sus compatriotas y ellos han demostrado que no lo quieren, solo quieren lo mejor para los de su misma clase, la de los privilegios, la que mira por encima del hombro al resto de españoles y españolas.

Basta pegar un vistazo a los barrios en los que se producen protestas para ver quiénes son los que participan y con qué motivación. Los del barrio de Salamanca de Madrid o el Eixample de Valencia, los más ricos de sus respectivas ciudades, no salen a la calle para proteger los derechos de todos, salen a la calle para defender sus propios intereses. Gritan ‘libertad, libertad”. Reclaman libertad para contagiar y contagiarse y porque mientras los servicios públicos se colapsan ellos siempre podrán saltarse la cola a golpe de talonario. Claman libertad para poner en marcha sus negocios, que muchas veces consisten en alquilar sus 25 pisos de alquiler vacacional que gentrifican, porque les urge que sus trabajadores produzcan para ellos aunque sea a costa de su salud y su vida. También, qué curioso que reclamen libertad los que salieron a la calle contra cualquier avance en libertades. Los mismos que hoy sacan la cacerola estuvieron manifestándose contra la ley del matrimonio homosexual o la del aborto. Siempre salen a la calle en contra de cualquier progreso, prefieren una España en blanco y negro que una moderna.

Quiénes queremos el progreso estuvimos en las calles cuando teníamos que estar, cuando estaban aprovechando la crisis para recortar a la gente humilde y enriquecer a la élites políticas y económicas de este país. Pero ahora estamos en los gobiernos y desde los gobiernos vamos a proteger los derechos de todas. Eso les molesta, ¡vaya que si les molesta! Y seguirán convocando protestas, muchas más. Pero a esas protestas siempre les faltará algo: dignidad. Porque salimos a las calles con las mareas para defendernos de sus recortes y privatizaciones de los servicios públicos, la sanidad, la educación, lo que garantiza la igualdad en nuestro país.

Por cierto, qué orgullo que en mi barrio no se escuche ni una cacerola, porque somos un pueblo obrero y sabemos quién representa nuestros intereses y quién no. No vamos a dejar que nos utilicen en nombre de la indignación popular cuando estas movilizaciones son de un reducto de privilegiados que quieren seguir defendiendo esos privilegios, que no aceptan los resultados de las elecciones y que no dudarían en dar un golpe de Estado tal y como alientan sus líderes políticos.

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Viernes, 08 Mayo 2020 19:36

El sueño americano

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Enciendo la televisión y veo una carretera congestionada, con una kilométrica cola de coches que avanza por una carretera y después un parking. Es un banco de alimentos en San Antonio, Estados Unidos. La locutora va relatando cómo la pobreza se ha disparado en este país durante esta crisis de la COVID-19, en la que muchas personas se han quedado sin ningún tipo de ingreso. ‘El sueño americano’ se hace pedazos, porque detrás de las glamurosas películas de Hollywood lo que hay es un sistema de protección social extremadamente débil que solo siembra desigualdad y miseria, que no es capaz de cuidar a la ciudadanía y de atender sus necesidades básicas en un momento tan crítico como este.

También se ha hecho muy popular una imagen en la que en una de las manifestaciones contra el confinamiento un hombre sostiene una pancarta que reza ‘Sacrifice the weak. Reopen’ (Sacrificad a los débiles. Reapertura), el espíritu de todo un sistema condensado en una pancarta. No es solo una imagen, esa es la propuesta del que presume de ser el país más rico del mundo, que las personas más desfavorecidas se mueran de hambre o que salgan a trabajar y se arriesguen a contagiarse para probablemente también morir, dado que el acceso a los tratamientos sanitarios están reservados sólo para quienes pueden pagarlos y, por hacernos a la idea del coste de un tratamiento para la COVID-19, varios medios han informado de un caso en el que el tratamiento llegó a costarle a un paciente norteamericano un total de 35.000€, una absoluta barbaridad.

Este es el paraíso liberal con el que algunos sueñan, países que dejan caer a sus ciudadanos, que permiten que se hundan en la pobreza o mueran por tener la mala suerte de enfermar. Curiosamente, estos son los que se dicen a sí mismo patriotas. ¿Realmente es esto amar a un país? Amar a la patria es amar a su gente, cuidarla, respetarla, trabajar para que tengan las mejores condiciones de vida, para que sean felices. Las derechas de este país que tanto miran al otro lado del charco no son patriotas, no aman a su país, aman el capital. Estos patriotas de pacotilla habrían dejado caer a los trabajadores con el despido libre y también habrían dejado caer empresas sin ningún tipo de ayuda, con la ley del sálvese quien pueda por delante. De hecho, con su gestión del pasado (y del presente en algunas autonomías), con sus recortes y privatizaciones, han dejado caer a muchas personas como los mayores, con las residencias como uno de los epicentros del horror, con recursos escasos y trabajadoras precarizadas. Todo para que unos pocos amiguetes se llenaran los bolsillos con beneficios millonarios, muchas veces gracias al erario público con el modelo de conciertos.

Aunque la situación está lejos de mejorar en Estados Unidos, el país con más muertos del mundo por COVID-19, Trump ya se apremia a pedir el desconfinamiento y la reapertura económica del país. No importan las vidas, importa el dinero. En Trump se fijan Abascal y Casado, que ayer criticaban al gobierno por no haber empezado el confinamiento cuando los muertos no superaban la centena y que hoy se declaran en contra del Estado de Alarma, cuando las cifras de personas fallecidas e infectadas nos dicen que sigue siendo necesario que se restrinjan los movimientos de la población para contener al virus. No son patriotas, son buitres de la desesperanza. Está ávidos de que se produzca un desconfinamiento a marchas forzadas que siembre el caos para desgastar al gobierno después de que las medidas económicas del escudo social se hayan mostrado efectivas. Por eso, también, les horroriza políticas como el Ingreso Mínimo Vital, porque un sustento mínimo para que una familia pueda salir adelante, pueda atender las necesidades diarias más básicas, provoca esperanza y ellos viven de lo contrario, el miedo y el horror. No se me ocurre nada más miserable que hacer política de la muerte y ellos lo han hecho desde el minuto uno de esta epidemia.

Una de las lecciones que nos deja esta crisis, para mí la más importante, es que hemos aprendido que el liberalismo no está hecho para las pandemias, ni para sostener la vida de ninguna forma. La pandemia ha puesto de relieve el fracaso de las privatizaciones, los mercados y una política internacional profundamente insolidaria. En momentos como este sirve el comunitarismo, sirven la unión, la solidaridad y la cooperación a todos los niveles. Hemos demostrado que de esta solo salimos juntos y juntas, el individualismo de nada sirve porque el virus iguala a todo el mundo, por eso el esfuerzo para frenarlo ha sido y sigue siendo una tarea colectiva.

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Viernes, 24 Abril 2020 19:07

Un pueblo que nunca duerme

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Mi pueblo nunca duerme, ni siquiera en pleno Estado de Alarma y con todo el país paralizado. Mi pueblo nunca duerme porque tiene a personas despiertas las 24 horas del día preocupándose por los demás, trabajando para que todo vaya bien durante esta crisis. Hombres y mujeres valientes que no han dejado de trabajar durante estos días para cuidarnos y que tengamos todo lo necesario para vivir, mientras otras muchas personas estamos en casa. Mucho se ha discutido estos días sí son héroes y heroínas, muchas personas rehúsan de ese calificativo, ‘solo hago mi trabajo’. Bueno, para mi lo son, son gente maravillosa y extraordinaria que se está sacrificando por los demás. En momentos como este, se ve quiénes son las personas sin las que no podemos vivir.

Empezaré por lo obvio, toda la gente que trabaja en el Área de Salud de Sagunto, que abarca muchísimo más que este municipio. El complejo sanitario atiende a personas de la comarca y más allá, hasta nuestro hospital vienen personas de El Puig a Xilxes o El Toro por el interior. Aquí trabajan cientos de personas que se desviven por los demás, personal sanitario, pero también de cocina, de limpieza, etc. Son quienes están en la primera línea combatiendo al virus y cuidando a las personas que, por desgracia, contraen esta infección, tratando a pacientes de muchas otras patologías que sigue necesitando cuidados durante estos días y, en definitiva, siendo las personas que principalmente sostienen la vida en estos momentos. Lo mismo para quienes desde las farmacias se esfuerzan por seguir atendiendo a todo el mundo. Un orgullo para todos y todas por el encomiable trabajo que están haciendo.

También sigue cuidando sin descanso el personal de las residencias de ancianos, que en estos momentos lo está pasando francamente mal, entre el miedo al contagio y el trabajo diario con un colectivo de especial riesgo en el que el virus se está cebando. Ellas y ellos son unas de las personas más valientes y con más fortaleza física y mental que conozco. Lo mismo para las personas que se dedican a la atención domiciliaria y al cuidado de mayores y dependientes, en general. Todo mi cariño, fuerza y reconocimiento.

Tampoco duerme el personal del puerto marítimo, que sigue funcionando para que las mercancías esenciales lleguen. Lo mismo con los transportistas, trabajadores del sector de la alimentación, personal de los supermercados… Toda la gente que se encarga de que no nos falte de nada. Pese a todos los temores de desabastecimiento que suscitó el Estado de Alarma, ellos y ellas se han encargado de que las estanterías de los supermercados sigan llenas.

Algo que, no solo ha parado estos días, sino que ha ido a más es la solidaridad. Gracias a todas las personas que estos días están siendo solidarias, las que ayudan a sus vecinos y vecinas o las que han puesto en marcha grandes iniciativas como ‘Si te proteges lo paramos’, el grupo de voluntarias y voluntarios que está confeccionando mascarillas para donarlas.

Siempre hemos demostrado que somos un pueblo solidario y acciones como esta lo evidencian, gracias a quien está dedicando su tiempo a trabajar para garantizar que cualquier que tenga salir tenga su mascarilla para protegerse a sí mismo, pero también para proteger a los demás, fundamental para frenar los contagios.

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Jueves, 09 Abril 2020 19:06

¿Y después qué?

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El esfuerzo que está haciendo toda la sociedad quedándose en casa y paralizando la actividad económica empieza a dar su frutos, gracias a todos y todas la curva del contagio se está aplanando, no ha sido fácil, pero gracias al compromiso colectivo estamos consiguiendo ganar al virus. Ahora que se empieza a ver la luz al final del túnel es inevitable que surja la pregunta ‘¿y después qué?’ Empezamos a pensar hoy en el país que queremos para mañana. Esta situación que vivimos nos deja muchos aprendizajes y la crisis ha sacado a flote muchas de las desigualdades que, en mayor o menor medida, permanecían latentes en la cotidianidad. Después de la crisis sanitaria vendrá la crisis económica, y el principal reto será que nadie se quede atrás, que esta crisis no la vuelvan a pagar los de siempre como pasó en 2008 y que sirva para atajar la desigualdad y no para profundizar en ella. El desafío que tenemos es, nada más ni nada menos, aprovechar todo el aprendizaje de esta crisis para construir un país más justo para todos y todas.

No será fácil, las apuestas económicas que se han hecho en este país a lo largo de la historia hacen todo sea un poco más complicado hoy. Nuestro país se lo ha jugado prácticamente todo al turismo, que hoy supone un 15% del PIB del país. Un sector que produce empleos generalmente de baja calidad, estaciones y, como hemos visto, muy sensibles a las crisis. Y esta pésima apuesta estratégica se ha acompañado de un proceso de desindustrialización que en nuestro pueblo bien conocemos, lo vivimos de primera mano con el cierre de los Altos Hornos como pago para entrar a esa Unión Europea que hoy nos abandona o, después, con procesos como el cierre de Bosal para deslocalizar la producción a países con una regulación más laxa en materia de derechos laborales. Este país va a tener que hacer una clara apuesta por la relocalización de la industria y la producción, es el momento de invertir en I+D, en nuevas industrias tecnológicas y, muy importante, en los sectores vinculados al desarrollo sostenible que van a ser los que lideren las economías cuando el cambio climático se agudice.

Además, como decía anteriormente, esta crisis nos deja muchos aprendizajes y uno de ellos es que necesitamos ser autosuficientes como país en muchos sentidos, el desabastecimiento de materiales tan necesarios en estos momentos como equipos de protección individual y respiradores son producto de nuestra falta de capacidad para producirlos. Si bien empresas y gobierno han hecho trabajo excelente reconvirtiendo ciertas industrias para adaptarlas a las necesidades del momento, no es suficiente. Como habrán visto en las noticias, todos los gobiernos se han visto abocados a pedir cargamentos de material de China, la fábrica del mundo, y todo en un contexto de competencia internacional brutal, con muchos países pujando para obtener los mismos productos. Ojalá no sea así, pero si viene otra crisis de este tipo, tenemos que estar capacitados como país para producir nuestro propio material sanitario de todo tipo.

Por último, y para garantizar que esa riqueza que vamos a generar se distribuya uniformemente, necesitamos recuperar para el Estado los sectores estratégicos que un día fueron públicos y ampliarlos. Miramos con envidia a países que en los días de confinamiento han eliminado la tarifa de suministros básicos como agua o luz, pero eso solo se puede hacer con empresas públicas. Unas empresas que garanticen que lo básico nunca le va a faltar a nadie y, a su vez, que generen empleo estable y de calidad. Momentos como este demuestran que el modelo privatizador que empezó Felipe González y que siguió con mayor dureza Aznar no han sido más que pan para hoy y hambre para mañana. En su momento, la venta de empresas públicas a destajo quizá ayudó a que el Estado tuviera liquidez, pero, como vemos, este modelo está siendo nuestra ruina hoy.

Por eso, es el momento de pensar en un nuevo sector público que refuerce servicios básicos como la sanidad y la educación, sí, pero que vaya más allá y sea capaz de garantizar todos los suministros y productos básicos para el sustento de un país y de sus habitantes.

Después de esta crisis en la que hemos demostrado que somos un gran pueblo, solidario y valiente, vamos a construir un país mejor, no me cabe la menor duda. De esta enorme batalla por la vida hemos aprendido que juntos somos más fuertes, que cuando todos arrimamos y empujamos unidos conseguimos lo que nos proponemos. España es un gran país y lo es gracias a su ciudadanía, sus servicios públicos, su vocación de seguir siempre hacia el futuro, pese a las resistencias de los que nos quieren devolver al pasado.

Tenemos un enorme reto por delante. Pero estoy convencida de que lograremos construir un presente de esperanza para un futuro de oportunidades.

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Viernes, 27 Marzo 2020 19:06

Cuando recortar sale muy caro

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Como cada día a las 20 horas salgo a la terraza de mi casa para aplaudir a todas las personas que están en la primera línea de la crisis sanitaria. Personal sanitario, de supermercados, de limpieza, transportistas, etc. Todos y todas merecen nuestro máximo reconocimiento por estar cuidándonos mientras las personas que podemos nos quedamos en casa. Saliendo a las terrazas y balcones, asomándonos por las ventanas, nos hemos conocido y nos hemos reconocido. Hemos visto por primera vez a personas que viven en nuestra misma calle y en las que nunca nos habíamos detenido en el ajetreo de nuestra vida diaria. Y nos hemos reconocido como comunidad, porque sabemos que este virus solo lo paramos si nos mantenemos unidas, que nos quedamos en casa por nosotros pero también por las demás. Porque el cuidado mutuo hoy es más importante y visible que nunca. Los cuidados, habitualmente feminizados, son los que sustentan la vida y el mundo en el que vivimos, en condiciones normales no se ponen en valor, pero ha tenido que venir una pandemia mundial para que nos demos cuenta, espero que cuando todo acabe no nos olvidemos.

Además, para el sustento de los cuidados son imprescindibles los servicios públicos, porque lo público no se pone de perfil, lo público no duda a la hora de cuidar a todas las personas independientemente de su condición, independientemente de sí es rentable o no. En el inicio de la crisis, mientras los hospitales privados derivan a los pacientes de COVID-19 al sector público, este ha tratado y cuidado a todo el mundo y sus maravillosos profesionales han hecho todo lo posible por atender a todas las personas en las mejores condiciones posibles, pese a muchísimas dificultades. Incluso en pleno Estado de Alarma y con la medida que pone los recursos de la sanidad privada al servicio de la pública ya en marcha, hay centros privados que han recurrido a la pillería de obligar a su personal a cogerse vacaciones para vaciarse de recursos humanos y ahorrar lo máximo posible. Es así amigos y amigas, el negocio mira por el negocio, especialmente cuando hablamos de las grandes empresas de gestión de centros sanitarios y de mayores que han maniobrado por maximizar sus beneficios a costa de lo que fuera.

Ahora, de aquellos polvos vienen estos lodos. El desvío sistemático de recursos a la sanidad privada y recortes en la pública tiene un coste muy alto y no tenemos que olvidarnos nunca jamás de quién utilizó un sector tan fundamental y crítico como el sanitario para jugar a ser Chicago Boy y experimentar con formas de liquidación del sector público; el PP y su escisión, Vox. En estos momentos tan críticos, sobra más que nunca la antipolítica, ‘el todos los políticos son iguales’. No, no todos son iguales. No todos están gestionando la crisis igual. La Comunitat Valenciana anunció la construcción de tres hospitales de campaña el 19 de marzo, con 921 casos confirmados, para evitar el colapso del sistema sanitario; la Comunidad de Madrid planteó que iba a habilitar IFEMA como hospital de campaña un día después, el 20 de marzo, con 7.165 casos confirmados.

Diferencias. En la Comunidad de Madrid 500 niños y niñas con beca de comedor reciben comida rápida de pésima calidad nutricional para alimentarse. En la Comunitat Valenciana (58.925 becados y becadas) tienen un bono para poder comprar alimentos saludables en el supermercado. Más diferencias. A Díaz Ayuso se le ha ‘perdido’ el avión que traía material sanitario, mientras el gobierno valenciano ya ha recibido buena parte de su adquisición de material y lo ha distribuido por los centros sanitarios. Eso sí, lamentable por igual que, fruto de la deslocalización, nuestra capacidad productiva esté aniquilada y tengamos que comprar todo el material a China, la fábrica del mundo.

Yo, particularmente, estoy un poco más tranquila porque el gobierno del Botànic me cuida. Con muchas cosas por hacer o mejorar, errores y aciertos, por descontado, pero avanzando en políticas sociales a paso firme y valiente. La suspensión del pago del alquiler de vivienda pública y moratoria en los locales comerciales propiedad de la Generalitat, 300 millones para ayudar a las familias más vulnerables y 57 millones para quien ejerce trabajo autónomo, la celeridad en la intervención de las residencias privadas de mayores o la construcción de más infraestructuras sanitarias, un protocolo para que las personas enfermas puedan hablar con sus familiares para humanizar la enfermedad y acompañar en la muerte y el duelo. Y muchas más políticas que vendrán para seguir construyendo el escudo social que nos ayudará a aliviar los efectos de esta tremenda crisis que seguro, superaremos entre todas y todos.

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Viernes, 13 Marzo 2020 18:03

Venceremos

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Estamos viviendo unos momentos muy complicados por la expansión del coronavirus COVID-19 y todo lo que conllevan las medidas de contención. La cancelación de las Fallas ha sido un mazazo enorme para todas las personas implicadas en estas fiestas y para todo el sector económico que las rodea, especialmente para los pequeños comerciantes y autónomos, que van desde talleres falleros a churrerías ambulantes o peluquerías, que no paran de trabajar en estos días y ya se habían preparado para esta época, en muchas ocasiones con inversiones muy importantes. También, por supuesto, a los falleros, falleras y toda la gente que vive la fiesta desde dentro, que pese al evidente mal trago ha asumido la noticia con mucha responsabilidad, comprendiendo a la perfección la motivación de esta suspensión. Todos y todas, hemos aceptado estas medidas que nos duelen y nos complican la vida de una forma u otra, pero también hemos entendido que son para conseguir un propósito mayor: el fin de la expansión del virus y por tanto, la salud de todos y todas. Solo juntos y juntas conseguiremos parar esto, sin fisuras, remando en una única dirección.

Venceremos gracias a los profesionales de la sanidad pública, que están haciendo todo lo que pueden para contener la propagación del coronavirus y curar a las personas contagiadas; que con mucho esfuerzo y sacrificio, están dando la respuesta que la sanidad privada, desde luego, no está siendo capaz de dar, con test de coronavirus a precios entre 160 y 300 euros y derivando a pacientes a la sanidad pública porque no son rentables. Pero, ¿a quién sorprende que un negocio privado solo quiero hacer dinero? Por eso, queda más patente que nunca que cuando venzamos habrá sido gracias a los cuidados y no a los mercados y los cuidados sólo pueden garantizarse desde lo público, porque nuestros servicios públicos estarán ahí cuando sea rentable y cuando no lo sea, cuando haya bienestar económico y cuando no. Los cuidados de los y las profesionales de la sanidad pública son imprescindibles, de las y los médicos pero también de algunos menos visibles como las enfermeras y enfermeros, auxiliares, celadores... Todo mi reconocimiento a vuestro trabajo.

Estamos viendo como recetas neoliberales tienen consecuencias directas sobre la salud y bienestar de la población y se está notando en lugares como la Comunidad de Madrid, donde la derivación de dinero de la sanidad pública a la sanidad privada sólo ha sido ineficiente, según indican diversos informes como el de Cámara de Cuentas de la Comunidad de Madrid, sino que ahora está provocando el colapso ante la avalancha de enfermos. Insisto, cuando todo falla, lo que sostiene la vida son los servicios públicos, parece mentira que tengamos que vivir una situación tan complicada para darnos cuenta de lo importantes que son y que hay cosas que solo las podemos garantizar desde lo comunitario. Únicamente la sanidad pública será capaz de vencer esta crisis y, después de esta experiencia, desde la política pero también desde la sociedad tenemos que dar un nuevo impulso a la reversión de los recortes y mejora de la sanidad, porque, si cabía alguna duda de su importancia central en la sociedad, esta se ha disipado por completo.

También venceremos desde la sociedad, desde el cariño, la solidaridad y el cuidado mutuo. Desde el ejemplo de las personas que se están ofreciendo a cuidar a los niños y niñas de su vecindario ante la suspensión de clases o las que preguntan a sus mayores si necesitan algo para que como colectivo de riesgo no salgan y se expongan al virus. Nos vamos cuidar los unos a los otros, las unas a las otras, y vamos a vencer a este virus. Cuando lo logremos, sabremos que este sacrificio habrá valido la pena y, en concreto, los valencianos y valencianas volveremos a tener mascletà, verbenas, fiesta… Lo celebraremos como nunca. Queridos lectores, seguro que ya están al tanto de todos los consejos de las autoridades sanitarias, pero solo me queda decirles que no se pongan en riesgo a sí mismo ni a los demás, que se cuiden y cuiden a los suyos. Mucha fuerza para todos y todas.

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Viernes, 28 Febrero 2020 19:14

Un virus llamado machismo

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El coronavirus (COVID-19) está en la boca de todo el mundo, ‘coronavirus por aquí y coronavirus por allí’, pero ahora mismo hay un virus que me preocupa más. Mientras que el coronavirus ha matado, de momento, a exactamente cero personas en España, el machismo solo en 2020 ya lleva 14 víctimas, tres de ellas en menos de 24 horas. No quiero ni pensar en la reacción social y política si en un día hubieran muerto en España tres personas por coronavirus. Efectivamente, el machismo mata más que el coronavirus, pero es el segundo el que se lleva bastantes más minutos en televisión o el espacio más destacado en las portadas. Para el coronavirus, de momento, no hay vacuna, pero por suerte para el machismo sí la hay, se llama educación y es tan peligrosa para los que quieren que se siga propagando que se han inventado una cosa llamada PIN Parental para privar a los niños y niñas de una educación en igualdad. No hay quien lo entienda.

Ojalá los gobiernos de todo el mundo pusieran el mismo interés en acabar con los feminicidios que con los virus, pero da igual, la violencia hacia las mujeres está tan normalizada que es invisible, mata la indiferencia. No es casual, por supuesto, que el poder a nivel mundial lo sigan sustentando los hombres. Y sí, por supuesto que hay algunas mandatarias importantes, pero siguen representando una ínfima parte, solo que hay que mirar las fotos de los líderes mundiales en foros como la ONU o Davos donde casi cuesta encontrar a una mujer en la imagen. ¿Y sabéis qué? El coronavirus les importa más porque mata por igual a hombres y a mujeres, el machismo les da igual porque las que mueren son solo las mujeres.

Por otra parte, las muertes no son el único síntoma del machismo. Discriminación, mayor riesgo de pobreza, brecha salarial, agresiones sexuales… Aún esta semana se escuchan voces que claman por la inocencia de Plácido Domingo, ¡cuando él mismo ha reconocido que acosó sexualmente a varias mujeres! Así es la alianza machista, más fuerte que la evidencia. Pensemos por un momento en cómo se sienten las mujeres acosadas, cuando hasta con la confesión del agresor se sigue cuestionando su relato. Ha pasado en este caso y en otros como el de Harvey Weinstein, hombres blancos, ricos y poderosos que no han dudado en utilizar su condición de privilegio para agredir con impunidad. Por suerte, la sociedad está en proceso de transformación; Weinstein ya se enfrenta a un juicio y a Plácido Domingo se le empiezan a retirar los reconocimientos institucionales.

Qué importante va a ser la ley de libertad sexual o ‘ley de solo sí es sí’ que prepara la ministra de Igualdad Irene Montero, que llevará al Código Penal de consentimiento explícito. Pero esto solo es el principio, a este país aún le queda mucho que recorrer en el camino hacia la igualdad y son muchas las políticas que todavía están pendientes y que el movimiento feminista está pidiendo. De hecho, el próximo 8 de marzo volveremos a salir a las calles de todo el mundo de forma masiva para seguir reclamando igualdad. Porque las políticas son muy necesarias, pero el empuje del movimiento desde la calle para impulsarlas o respaldarlas es imprescindible, sobre todo en un momento en el que el patriarcado y sus aliados se resisten con uñas y dientes al progreso. Aquí, en el Camp de Morvedre la Coordinadora Feminista ha convocado una manifestación a las 11:30 horas en la Plaza de la Concordia, en la Playa de Puerto de Sagunto. No se me ocurre mejor forma de pasar el domingo que reivindicando igualdad de forma colectiva. ¡Espero veros allí a todas y todos!

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Viernes, 14 Febrero 2020 19:18

El despropósito del agua

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El agua es un bien común y como tal, tiene que estar sometida al interés general y no al privado. No se entiende que el agua de tantos municipios de la Comunitat Valencia y de España hoy en día estén en manos de empresas privadas o de gestión mixta (que para el caso es lo mismo). El de Sagunto es uno de esos casos, con una empresa mixta público-privada que gestiona el ciclo integral del agua. Cuando hablamos del que fue el proceso de privatización del agua en Sagunto hay gente que piensa que se inició con el PP al mando, siguiendo la corriente privatizadora y de avance de las políticas neoliberales que inició Aznar en el gobierno central. Sin embargo, cabe recordar que aquí —aunque el PP fue el apoyo necesario— los artífices de la maniobra desde el gobierno municipal fueron el PSOE y el Bloc (ahora parte de Compromís). Más que cuestionable el progresismo de aquel gobierno que en su momento se alió con la derecha para dar el pistoletazo de salida para la privatización del agua y que, además, hipotecó el futuro del municipio al firmar con Acuamed un convenio para la construcción de una desaladora que la ciudad jamás ha necesitado. Por cierto, a la cabeza de todo aquello estuvo la entonces alcaldesa del PSOE Gloria Calero, recientemente nombrada delegada del Gobierno para la Comunitat Valenciana.

Las consecuencias de aquella pésima gestión las estamos pagando todos los vecinos y vecinas del municipio desde entonces. El encarecimiento del agua en el municipio ha sido notorio. Entre 2009 y 2017 el incremento del precio fue de un 68%, una absoluta barbaridad. La entrada de una empresa privada no iba a ser de ninguna manera gratis, el beneficio privado lo acabamos pagando entre todas y todos y bien alto gracias a un convenio más que generoso con el socio privado. En la siguiente legislatura, esta vez con el PP en la Alcaldía, se constituye la empresa mixta, un proceso supuestamente plagado de irregularidades y que, de hecho, acabó con la apertura del Caso Flotador, una investigación judicial que esta semana hemos sabido que se cierra porque la Fiscalía se retira de la acusación. Sin embargo, esta causa seguiría abierta si hubiera un denunciante particular, este denunciante pudo haber sido el Ayuntamiento de Sagunto cuando Izquierda Unida llevó la propuesta al pleno, pero no salió adelante. ¿Y quién votó que no? Pues el PSOE, Compromís y PP, en definitiva, todos los partidos que en algún momento tuvieron responsabilidades sobre el proceso de privatización del agua, qué casualidad.

Recordemos que esta causa se archiva porque la Fiscalía se retira, aunque la jueza apunta que sí que existen indicios delictivos. Es el momento de que la Agencia Antifrau —órgano autonómico impulsado por Podem en la anterior legislatura— tome las riendas en el asunto para que el Caso Flotador se siga investigando. La ciudadanía tiene derecho a conocer si se cometieron irregularidades en el proceso de privatización del agua en Sagunt, de principio a fin, y a saber quiénes fueron los responsables. Según hemos podido conocer estos días por los medios de comunicación, la jueza instructora concluye que queda constancia en diversos informes que el Ayuntamiento sabía que las condiciones de la concesión no se había valorado bien y aún así siguió con el proceso, a costa del aumento de la tarifa del agua para los vecinos y vecinas.

Por último, se pone de manifiesto la necesidad de iniciar de forma urgente un proceso serio de remunicipalización del agua. Para que el agua de nuestro municipio se gestione desde lo público, para asegurar transparencia, precios justos y acceso universal. Aunque mucho me temo que mientras que los que la privatizaron sigan en el gobierno municipal, pocos avances se harán al respecto, por muy progresistas que se digan. Siempre hay una buena excusa para no abordar este tema y así seguiremos, de espaldas a la oleada de remunicipalización del agua que se vive en muchas ciudades de Europa y, de nuevo, frenando la prosperidad de este municipio y el bienestar de sus habitantes.

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