El Consejo General del Notariado, dentro del proyecto #NotariosQueDanLaNota, destacaba la feceta como escritora de esta fedataria pública que a llegando, incluso, a ser finalista del premio Planeta 2018

Xenia Rambla: «Hasta la mayor bazofia cultural sirve para aprender algo»

Xenia Rambla Gómez, en su despacho de la notaría Xenia Rambla Gómez, en su despacho de la notaría
Viernes, 03 Diciembre 2021 21:30

A mediados del pasado noviembre, el Consejo General del Notariado, dentro del proyecto #NotariosQueDanLaNota, destacaba la faceta literaria de Xenia Rambla Gómez, fedataria pública instalada en Puerto de Sagunto desde hace unos años, que en su trayectoria como escritora ha llegado, incluso, a ser finalista del premio Planeta 2018 con su novela ‘Mate’, que fue un experimento en un campo narrativo que nunca había explorado. No obstante, quedar finalista del Planeta ya es mucho, porque, como ella misma reconoce, este galardón es, en cierto modo «pactado», pensado más para perfiles muy mediáticos. Al fin y al cabo, una editorial también es un negocio que busca la rentabilidad. Aunque empezó a escribir novelas en 2012, desde muy niña, con apenas 10 años, ya cosechó sus primeros éxitos. A esa edad ganó el premio Adena con una redacción sobre el día del árbol, que le permitió abrir su primera cuenta en la desaparecida Caja de Ahorros de Sagunto. A los 12 años otro premio, el de Cruz Roja, junto al saguntino, Jaime Llopis. Aquel nuevo reconocimiento le permitió visitar las instalaciones de la institución benéfica en Suiza. Recuerda con cariño que sus profesores referentes fueron Enrique Latorre y Ximo Cruz. Desde ‘Mate’, ya ha escrito ‘Tan Adentro’, con la que también fue finalista en el Fernando Lara 2019, y ahora prepara ‘Unicornia’, su nueva entrega que es suspense de humor.

El pasado 18 de noviembre, el Consejo General del Notariado, dentro del proyecto #NotariosQueDanLaNota, la destacaba como una fedataria pública que en sus ratos libre se dedica a escribir, llegando, incluso, a ser finalista del premio Planeta. Eso, aunque sea de los compañeros de oficio, es un reconocimiento, ¿no?

No se trata de un reconocimiento particular. Lo que el Consejo trata de destacar en esta campaña es que el notario es un profesional que, a pesar de su preparación concienzuda a través de años de estudio y sacrificio personal, tiene otras ocupaciones que lo hacen desarrollarse como persona y compartir aficiones con el resto de la sociedad. No hay muros, ni en su vida ni en su trato, por el hecho de ser notario. No más que cualquier otro ser humano.

Antes de quedar finalista en el Planeta 2018, ya participó en varias antologías ¿Cómo fue aquello?

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Hace unos años, al regresar a Valencia, comencé a participar en clubs de escritores, como Lab o Valencia Escribe, y en ellos se reunían cada cierto tiempo relatos de sus miembros para hacer antologías. Es algo enriquecedor, por el intercambio de puntos de vista de autores con distintas sensibilidades.

Quedar finalista en el Planeta fue absolutamente inesperado, ¿verdad?

Lo fue, porque mi novela ‘Mate’ fue un experimento en un campo narrativo que nunca había explorado. Es un thriller histórico ambientado en la Valencia del siglo XVI con una trama noir biológica contemporánea. Presentarlo al Planeta fue un reto que nos planteamos mi amiga la escritora Cristina Grande y yo para acabar nuestras respectivas novelas en un plazo corto. Cuando ella me llamó un 9 de octubre para decirme que había quedado finalista, me causó una enorme, y agradable, sorpresa.

Es evidente que no es lo mismo el Planeta que el Nadal. ¿Qué hay de verdad en que el Planeta es más un producto de marketing que un premio literario?

Ambos premios son de la misma editorial matriz. Los premios con dotaciones económicas importantes son en cierto modo pactados. Las editoriales son empresas que buscan rentabilidad, y por ello apuestan sobre valores seguros en cuanto a las ventas: el perfil es un personaje mediático o con una actividad profesional que permita la difusión, como periodistas, profesores, youtubers, que, además, hayan publicado anteriormente, con lo que se vuelven a poner en el circuito de libreros y venta digital esas obras previas.

Es bastante decepcionante que, en un país como España, Vargas Llosa venda 10.000 ejemplares de su novela y Belén Esteban 100.000. Algo no va bien, ¿verdad?

En el panorama literario estamos en una etapa de grandes transformaciones. La mayoría de la gente es incapaz de leer Guerra y Paz, o el Quijote, porque requieren tiempo, y esfuerzo de comprensión lectora, y con las nuevas tecnologías es difícil mantener la atención mucho tiempo en algo que requiere que estemos activos. Ahora se ven series trepidantes, se interactúa en redes sociales, y también se lee. Se lee a autores marca, o más bien se compran sus libros por el ritual de hacer cola y obtener su firma y una foto para Instagram. Pero sigue habiendo una masa de enamorados de los libros, como también editoriales pequeñas que apuestan por una mínima calidad literaria, en la prosa y no sólo en el tema candente.

Sus aportaciones literarias conocidas se remontan a 2017, cuando participó en antologías ¿Su pasión por escribir le vino tarde? ¿Es, por tanto, de vocación tardía?

Escribo desde niña. A los 10 años gané el premio Adena con una redacción sobre el día del árbol, que me permitió abrir mi primera cuenta en la Caja de Ahorros de Sagunto. A los 12, el de Cruz Roja, con otro saguntino, Jaime LLopis, que nos permitió visitar sus instalaciones en Suiza. Mis profesores Enrique Latorre y Ximo Cruz, fueron mis referentes. Mi viaje de luna de miel fue a Paris con un premio de Dupont del año europeo de la escritura. Luego he escrito en casa, en Facebook, pero la novela la abordo por primera vez en 2012 con una de autoficción ‘Contando olas’, con una parte dedicada a la adopción de la tercera de mis hijos que nació en Yunnan. Luego he compatibilizado la escritura con psicología y ahora con historia del arte, pintura, teatro… lo que enlaza con mi idea de que nada en la vida es tardío, hay que mantener las ganas de aprender hasta el final.

Por cierto, ¿por qué le vino la afición por escribir?

Al ser hija única, pasaba largos ratos sola, y empecé a leer todo lo que podía. Cuando amas los libros, cuando te emocionas con lo que está escrito, con la forma en que está escrito, sientes una pulsión a poner negro sobre blanco tu mirada de las cosas. Tendemos a escribir lo que nos gustaría leer, y ahí es importante ser uno mismo, no hacer concesiones.

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¿Escribe por la noche, los fines de semana o en la notaría, entre firma y firma?

Soy noctámbula, así que escribo mejor después de cenar, hasta la madrugada. Es un espacio de calma y silencio, de nebulosa mental tras el cansancio del mundo, que te conecta contigo misma; un momento en que el sueño está al acecho, y eres capaz de quitarte los filtros, y desnudar tu alma a través de los personajes que has imaginado.

¿Planta cara un folio en blanco? Se lo pregunto porque lo de las musas y la inspiración no parece que tenga mucho recorrido.

Lo importante para escribir es comenzar. Ocurre como con el deporte, da cierta pereza, pero transcurrido un rato ya no te interrumpirías. Hay escritores de brújula y de mapa: los que requieren una planificación y los caóticos. A mi me gusta el caos, tener una vaga idea de lo que quiero contar, pero dejar que mi estado de ánimo me vaya llevado a transitar caminos que no estaban previstos de antemano. Cuantas más páginas escribas, más probable es que alguna de ellas sea sublime.

Un oficio como el de notaria, donde todo está como muy reglamentado, muy pautado, da la impresión de que no se presta mucho a la creatividad, ¿es usted una rara avis?

En el ámbito notarial y jurídico en general, también hay creatividad. La gente viene a contarte historias que han sucedido y tú has de vestir el santo, darle forma jurídica, adivinar lo que la gente quiere realmente. Como digo en los vídeos de ‘Notarios que dan la nota’, en las bodas hacemos una ceremonia poético-musical, tratando de conmover a los contrayentes y que recuerden ese momento como algo literario. También tenemos una Fundación para la mediación en el colegio notarial de Valencia, Solutio Litis, de la que soy miembro del Patronato, que soluciona muchos conflictos de herencias, entre empresas, y otros, a través de ideas creativas que exceden de la mera compensación pecuniaria. Y hay muchos compañeros con una gran imaginación, que son fotógrafos, pintores, escritores, músicos, porque ser notario no es ser aburrido.

Por las referencias en los medios de comunicación, el gran público sabe que es usted notaria de profesión y escritora en sus ratos libres, finalista del Planeta 2018, pero ¿quién es Xenia Rambla?

Soy una mujer que lucha por crecer, por llegar al final habiendo aprendido las cosas que me apasionan, ayudar a los demás en lo que pueda, transmitir energía y buen humor a los que se cruzan en mi camino. Esa es mi razón de vivir y lo que me proporciona un estado de felicidad cuando lo consigo.

Sin ánimo de ponerla en un compromiso, ¿Con qué género se siente más cómoda escribiendo?

Con el suspense psicológico. Pero si te gusta leer te gusta cualquier cosa que esté escrita desde dentro.

Llegados a este punto, ¿Cómo definiría su estilo literario?

Cercano a la prosa poética. Me importa más cómo se cuenta una historia que la historia en sí. Incluso me gusta la literatura sin historia. Trato de que los personajes digan a veces cosas con sus silencios, que haya cierta hondura, que tengas ganas de conocerlos.

Como todos los escritores, usted también tendrá sus referentes literarios, ¿Qué autores le fascinan?

Muchos, pero sobre todo los hispanoamericanos, como Cortázar. ‘Toco tu boca’, en Rayuela, me parece uno de los textos más hermosos que que hayan escrito jamás.

En la literatura, como en el cine, hay muchas obras que, por no aportar nada, son absolutamente prescindibles. ¿Quemaría algún libro?

Ninguno. Hasta la mayor bazofia cultural sirve para aprender algo, aunque sea por eliminación. Además, el arte es por definición subjetivo, lo que tú detestas a otro le puede encantar.

«En el ámbito notarial y jurídico en general, también hay creatividad. La gente viene a contarte historias que han sucedido y tú has de vestir el santo, darle forma jurídica, adivinar lo que la gente quiere realmente».

Una vez que se llega a ser finalista del Planeta, el listón queda tan alto que parece difícil de superar, ¿qué proyectos tiene?

Después del Planeta volví a quedar finalista del Fernando Lara de 2019 con otra novela ‘Tan adentro’. Me gustaría publicar, porque los beneficios de mis libros van a la Fundación Juntos por la Vida, de la que soy patrona, que opera en Benin con escuelas para los niños, y ayudando a las mujeres de este país africano. Me gustaría publicar con pseudónimo y no exponerme, como Elena Ferrante, pero es complicado en el mundo editorial actual.

¿Puede hablarnos de qué va su próximo libro?

Se llama ‘Unicornia’ y es suspense de humor, el personaje principal es hipocondríaco y todos tienen algún trastorno. El título es un homenaje a En Busca del Unicornio, la novela con la que ganó el Planeta Juan Eslava Galán, que es un autor de novela histórica que le gusta mucho a mi padre, y que elogió en prensa, y en un mail que me envió y conservo con devoción, la documentación y estilo de mi novela Mate.

Para finalizar la entrevista, ¿qué añadiría?

Que no dejemos de leer, y de escribir quienes tengan esa necesidad, porque como dijo Umberto Eco, quien lee vive varias vidas, no solo la suya.


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Modificado por última vez en Viernes, 10 Diciembre 2021 23:41

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