La ópera prima de este vecino de la ciudad, «Lo del Cerezo», se estrenará el próximo 1 de febrero a las 21:30 horas en la Casa Municipal de la Cultura de Puerto de Sagunto

Jordi Marquina: «El teatro vivirá siempre mientras haya locos estupendos que estén dispuestos a mantenerlo»

Viernes, 25 Enero 2019 12:21

jordimarquina1El dramaturgo de Puerto de Sagunto, Jordi Marquina

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Jordi Marquina nació en València en el año 1981. Un título en una pared, como él mismo explica, dice que es Diseñador Gráfico, aunque él prefiere llamarse a sí mismo ilustrador. En este sentido, acepta trabajos y encargos como freelance, y publicó, gracias a la editorial bilbaína Siarte, su primer libro de humor gráfico en solitario, Mondo Hueso, que puede comprarse tanto por Internet, como en diversas librerías especializadas. Aún así, su vida ha estado ligada al mundo del teatro, y es por esto que le suele conocer más la gente. Después de muchos años creando y sintiendo personajes, tanto ajenos como propios, ha decidido sentarse a escribir y ponerse detrás de los focos para dirigir su primera obra, Lo del Cerezo. La representación del estreno se hará el día 1 de febrero a las 21:30 en la Casa Municipal de la Cultura de Puerto de Sagunto.

¿Cómo comienza su afición al teatro?

Recuerdo un niño solitario, perdido en su habitación, dando vueltas, inventando cuentos para sí mismo. Pasando las horas creando muecas delante de los espejos del baño. Un niño que cuando le preguntan qué quiere ser de mayor responde que quiere ser director de cine… Recuerdo que a ese niño le regañaron varias veces, porque, cuando iba a la iglesia con su familia, se ponía a imitar los gestos del sacerdote. Recuerdo una televisión diferente, con películas de Charlot por las tardes, y, por las noches, programas de Javier Gurruchaga, Rosa María Xardá y Fernando García Tola. Todos esos recuerdos que me nacieron en la infancia, cristalizaron en mi adolescencia, haciendo teatro en el instituto y buscando sitios donde formarme como actor. Era el principio de un camino que me llevaría hasta donde estoy hoy.

¿Podría resumir su CV? ¿En qué obras ha participado?

El primer grupo en el que participé, fue un grupo local que se llamaba, misteriosamente La Farola Apedreá. Era un grupo cómico basado en lo gestual que ya apuntaba hacia el clown, disciplina en cuya poesía iba a estar buceando toda mi vida. Con ellos participé en tres montajes que tuvieron bastante éxito de público. De manera más profesional, he formado parte de un par de grupos en València, Bagatelas, junto a mis compañeros Iván Arguedas y Pedro Aznar, éramos un trío de locos cantantes y danzantes, cuyo montaje Sola… pero feliz, basado en el monólogo de La Mujer Sola de Darío Fo, fue escogido por el Circuito de Café Teatro de València. También participé con el grupo La línea Continua, en el montaje Desnudando al hombre, dirigido y escrito por Jorge Afranchino. Además he sido parte del equipo de actores de dos webseries dirigidas por Ana Ramón, que han ganado varios premios en festivales alrededor del mundo, Sin vida propia (2 temporadas) y Todos querían matar al presidente (1 temporada).

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Actualmente, combinándolo, a veces, con otros trabajos, formo parte del grupo Nebel Teatro, vinculado a la Sala Alternativa del Puerto de Sagunto, Kakkerlaken. Con ellos he hecho de todo, desde teatro infantil, clásicos, teatro experimental, cabaret… siempre dirigido por Eva García. De toda esta etapa, que se ha ido alargando en el tiempo, destaco el montaje Huesos en el que aporté el texto del personaje del Fusilador, que lo encarné y también a Ernest Hemingway, el monólogo y cuento teatralizado de Edgar Allan Poe, El Corazón Delator, y mis dos espectáculos de humor, basados en improvisaciones, Manual del perfecto Vanguardista y ¿Qué hace un niño encerrado en un ático? (Que por haberse interpretado mucho dentro y fuera de València, es por lo que más gente me conoce, creo). De todos los personajes que he encarnado con Nebel, los que recuerdo con más cariño son a Sganarelle, el criado de Don Juan, en la versión del mito de Molière y el Max Estrella de Luces de Bohemia. Este último personaje, creado por Valle Inclán, que es casi el sueño de final de carrera de muchos actores, quizás me ha llevado a este punto de mi vida en el que actuar no es lo que más me interesa, y he empezado por interesarme mucho más por la escritura dramática y la dirección escénica como consecuencia de ésta.

¿Cómo ha sido su evolución dentro de este mundo?

Creo que para evolucionar de forma coherente lo mejor es dejarse llevar por el momento. Ser un pez que de repente vive fuera del agua porque le han crecido patas, y, a pesar de todo, ser feliz. Creo que hacia ese punto va mi “evolución”. No sé exactamente hacia dónde voy, y al mismo tiempo lo tengo muy claro. No sé cuál será mi próximo proyecto. Ahora mismo, tengo muchos textos a media creación, y el siguiente que se complete será, sin duda alguna, el que tenía que ser.

¿Recuerda la primera obra en la que participó?

Hace tanto tiempo ya que se me ha borrado el título. Era en la etapa del instituto, un sainete para adolescentes. Lo que no se me olvida es el primer vértigo antes de salir y la felicidad que vino después de los aplausos. Después de eso los compañeros decidieron que lo siguiente que hiciéramos lo debía escribir yo… Y así escribí mi primera obra de teatro, Habitación Ocupada, una comedia primeriza y perdida, con doce personajes, en la que también actué, y, a falta de adulto para controlarnos, dirigí. Una carta de amor mandada al camarote de uno de mis héroes de plata por aquel entonces, Groucho Marx. El nombre de mi personaje al estilo de los de Groucho, tampoco tenía desperdicio: Victor T. Littlebeatle. En aquel entonces, tenía yo catorce años.

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¿Cuándo, cómo y por qué decide dirigir una obra como la que ahora tiene entre manos?

En realidad, ni siquiera siento que mi decisión de dirigir haya sido decidida, sino que ha sido consecuencia de las circunstancias. Le pasé a mi amiga y directora Eva, el texto de dos obras que tenía escritas, una terminada y otra inconclusa, sin ningún tipo de ambición, simplemente para que me diera su opinión. Por supuesto, se entusiasmó por la inconclusa, me dijo que teníamos que montarla y que, ya que la había escrito yo, por qué no me decidía a dirigirla. Así me vi en la divertida situación de tener una obra con dos actrices, con fecha de estreno, con principio, con final, pero a la que le faltaba un trozo. Que nadie se asuste, el trozo que faltaba se rellenó y aparecerá el día del estreno.

¿Sobre qué trata Lo del Cerezo?

Es la historia de una madre y una hija que viven en un tiempo indeterminado, en un pasado sin concretar, en un pueblo que puede ser a la vez cercano y lejanísimo. Viven en una idílica monotonía. Hasta que a la hija le crece una inquietud, y se estropea todo. Es una obra de humor poético y absurdo de eso que puede llamarse surrealista. Es una tragicomedia, que de tan puro inventada resulta muy real. Las actrices que encarnan a los personajes son Eva García y Cristina García.

¿Por qué la elección de este tema?

Más que un único tema, esta obra presenta a dos personajes viviendo, sintiendo, y en medio de su vivir en escena van apareciendo los diferentes temas que motivan esos sentimientos. La madre y la hija de la obra están dibujadas con simpáticos trazos de tebeo, pero se emocionan, sufren, sonríen y lloran. Están inmensamente solas y sólo se tienen la una a la otra. Por eso el humor de esta obra entra, muchas veces, en el plano de la poesía. Dos disciplinas hermanas (humor y poesía) a las que parece que hay que desterrar la una de la otra, pero que yo insisto en que deben estar cada vez más juntas.

¿Cuál es el objetivo de la obra?

Cuando la empecé a escribir mi único interés era hablar de mis cosas, sacar, quizás, algunos de mis fantasmas y hacerles una caricatura. Mis compañeras, y algunas personas a las que se las he dado a leer, me han comentado que estas sensaciones que yo vivía como privadas, son temas universales que pueden interesar a mucha gente... El objetivo pues, es hacer sentir al público y que se ría al mismo tiempo que se conmueve.

¿Qué ha sentido al dirigir su primera obra de teatro después de tantos años interpretando?

He sentido, lógicamente, esa responsabilidad inherente a la persona que tiene que tomar un montón de decisiones y asumirlas. Lo que más he disfrutado ha sido el trabajo con las actrices, poder hablar con ellas sobre los personajes y revelarnos matices que se habían pasado por alto… Id creando una experiencia real a partir de la palabra escrita, creo que es una de las cosas más mágicas que tiene el teatro.

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¿Cómo describiría la experiencia?

Siempre que uno hace algo por primera vez descubre que es capaz de hacerlo. Y eso siempre es muy enriquecedor y muy satisfactorio.

¿Qué día será la presentación de Lo del Cerezo?

La representación del estreno se hará el día 1 de febrero a las 21:30 horas en la Casa Municipal de la Cultura de Puerto de Sagunto y recomiendo a la gente ir a verla porque es una comedia, y se van a reír, y ésa ya es una meta suficientemente elevada. No se valora lo suficiente el componente intelectual de la risa, que no tiene por qué ser simplemente de evasión. La risa puede ser un puente para entender al otro y a uno mismo, para ver las cosas de otra forma, y descubrir las rendijas ilógicas que tiene la lógica impuesta del mundo gris en el que vivimos día a día.

¿Es más difícil dirigir o actuar?

Son trabajos muy diferentes. Aunque estén tan unidos. El actor debe buscar la verdad para encarnar un papel que le ha sido dado previamente, y el director está ahí para guiarle y ayudarle a “descifrar” la intención del autor al escribir ese personaje. Aquí yo lo tenía fácil porque cumplía las dos caras de director y autor, y, salvo un par de momentos de desdoblamiento de personalidad, con momentos muy violentos a lo Jeckyll y Hyde, mis auto-broncas para controlar el verdadero significado del texto tampoco han sido muy sonadas. Al ser actor y haber tenido experiencias con distintos directores previamente, la parte de trabajo con las actrices ha sido también más fácil, pues me ayudaba a entender mejor sus necesidades.

¿Cómo valoraría la situación actual del teatro?

Imagino que esta pregunta se hace anticipando que el entrevistado va a decir que está mal. Y es cierto. Está muy mal. Pero es porque el resto del mundo tampoco está bien, y, el teatro, como siempre, no es más que un espejo. Fiel reflejo de lo que hay a su alrededor. Tenga en cuenta que mi mundo ha estado unido siempre a las pequeñas salas alternativas o underground, que viven, mayoritariamente, de la autofinanciación, teatro precario económicamente hablando, pero infinitamente rico en ideas, en compromisos profundos, en diversidad de contenidos y en creatividad. Me adhiero a todas las reivindicaciones que en los medios hayan hecho mis compañeros, y quizás hasta añadiría alguna más… Pero, a veces, también, creo que se espera que seamos como los herederos del anciano achacoso, que no paran de decirle al viejo que está pocho, a ver si así se da cuenta y se muere pronto. A los adictos a los funerales debo decirles que se fastidien, el teatro vivirá siempre, mientras haya locos estupendos que estén dispuestos a mantenerlo.

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¿Cree que se le debería dar una mayor importancia a este género, por ejemplo en el colegio?

En un mundo en el que la virtualidad es cada vez más la norma, el teatro sigue apostando por la cercanía y la humanidad. La imaginación y la emotividad siguen siendo sus efectos especiales más espectaculares. Poner el teatro al alcance de los niños, y al alcance de cualquier adulto que se siga sintiendo niño por dentro, o desee ser un niño por unos momentos, podría ser una medicina bastante eficaz para muchas de las enfermedades sociales y sentimentales que sufrimos hoy en día.

Siguiendo con el tema de los niños, creo que, como decía Gianni Rodari, la cultura debe concentrarse en seducirles y ejercitarles la imaginación y la risa, más que en darles grandes discursos y meterles en la cabeza ideas gigantescas.

El clown alemán Karl Valentin, pedía en uno de sus monólogos crear academias no sólo para formar actores y dramaturgos, sino también para formar al público, él usaba esto como una hipérbole humorística, claro, pero que se debía asentar en algo que realmente notó que era una necesidad social al observar lo que había a su alrededor.

¿Qué tres características piensa que se ha de tener para dirigir bien una obra de teatro?

Una gorra con visera, unos pantalones bombachos y una silla de tela en la que se lea detrás, con letras muy gordas, la palabra DIRECTOR. A falta de esas tres cosas tan importantes, el tener un poco de psicología, capacidad rápida de decisión y conocimiento y comprensión profunda del texto que se ha de trabajar también puede ser muy interesante.

¿Alguna anécdota que desee destacar durante la preparación de su obra?

Cada uno de los momentos de preparación de una obra, ya forma parte de una anécdota larguísima, por eso, siempre que me hacen esta pregunta me quedo un poco como el cervatillo ante los focos del coche, me cuesta elegir. La escritura y creación de esta obra ha pasado por distintas etapas, desde que, en su nacimiento, fuera sólo una serie de diálogos cortos y sketches, que tuve que rescatar, elegir y desechar según lo vi conveniente para darle la forma que tiene ahora. En un principio, iba a ser un vehículo de trabajo para mí y otra compañera. No nos decidíamos si yo debía interpretar el papel de la Madre o el de la Hija. Llegamos a pensar que una hija sin caracterizar, así con esta barba que yo llevo casi siempre, podría llegar a ser algo tronchante. Seguramente por esa indecisión, la misma obra se acabó entregando a Eva y Cristina, que es lo que al final tenía que ser. Pero vuelva a preguntarme después del estreno, seguro que tengo muchas anécdotas jugosas que ofrecerle.

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¿Cuenta con alguna ayuda económica?

A título personal no cuento con ninguna. Quizás haya por ahí algún creador, más guapo y más gordo que yo, que sí la perciba. En general, no es lo que he observado entre los distintos compañeros que conozco. Nuestra ayuda económica es el resultado del honrado pago por nuestro trabajo. Un trabajo, que al contrario de lo que piensan algunos, dura mucho más que las ocho horas diarias correspondientes.

¿Cuál es su sueño dentro del mundo del teatro?

Mi sueño es que me dejen seguir creando personajes y que me dejen seguir estando así de loco o más. Poder seguir comunicándome con el exterior, como el astronauta de David Bowie, y que me regalen varias risas y quizás hasta una lágrima.

¿Algo que desee añadir?

Deseo añadir una nota de amor, un deseo satisfecho pero inconfesable, una danza en blanco y negro delante de la tumba de John Belushi. Pero soy muy vergonzoso y no sé si me voy a atrever…


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Modificado por última vez en Viernes, 01 Febrero 2019 23:53

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