José Luis Chover Lara, explica que el entorno del río está cada día más sucio y destrozado, sin los detalles y la ornamentación arbórea que tenía el diseño original. «Las palmeras que eran un espectáculo natural, están muertas y sus restos allí como un ejemplo del avance imparable del picudo rojo que les atacan implacablemente porque nadie las ha tratado. Alguna resiste como un símbolo de lo que fue, hasta que le llegue la hora de sumarse al paisaje del abandono...
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