Las cifras acreditan que la lucha contra la tuberculosis alcanzó en España su mayor desarrollo durante el periodo republicano

Durante la época del hambre, más de 155 porteños murieron de tuberculosis

Viernes, 17 Abril 2020 19:30

sanatoriodentroHospital de PortaCoeli, año 1949. Muchos vecinos de Puerto Sagunto, contagiados por el bacilo de Koch, murieron en este sanatorio

En 1882 el médico y microbiólogo alemán Robert Koch demostró la etiología de una de las enfermedades más letales, conocidas hasta entonces: la tuberculosis. El germen aislado se denominó, en honor de su descubridor, ‘bacilo de Koch’. Desde aquel año la medicina no cesó en su lucha por acabar con esta terrible enfermedad.

Pocos años después de que el científico teutón descubriera el agente patógeno, a principios del siglo XX, la masiva emigración desde el ámbito rural a las ciudades, que protagonizaron cientos de miles de personas en busca de una vida más próspera al abrigo de la creciente industrialización, causó una propagación de la enfermedad sin precedentes a lo largo y ancho de toda Europa.

En España, según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en 1901 se produjeron 37.616 defunciones a consecuencia de la enfermedad, lo que representaba una tasa de mortalidad por 100.000 habitantes del 201,6. En 1911 el número de fallecidos descendió en el país hasta las 31.461 personas, con una tasa de 157,4 muertos por cada 100.000 habitantes. En 1921 fueron 33.475 los que murieron por el bacilo de Koch, siendo su tasa de mortalidad de 156,3. En el año 1931 fenecieron 30.631 por esta dolencia, alcanzándose una tasa de 129,4.

Las cifras acreditan que la lucha contra la tuberculosis alcanzó en España su mayor desarrollo durante el periodo republicano, aunque el estallido de la Guerra Civil dio al traste con estos avances en la lucha contra la enfermedad.

El primero de abril de 1939 finalizó la contienda civil española y a partir de aquí vinieron años de extremada dureza, conocidos como la época del hambre. Téngase en cuenta que las viviendas insalubres, el hacinamiento, las duras condiciones de trabajo y los prohibitivos precios de los artículos de primera necesidad, favorecieron de manera decisiva el avance de la tuberculosis, produciéndose, por tanto, mayores tasas de mortalidad.

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En 1941, por ejemplo, los muertos por la toberculosis alcanzaron la cifra de 32.887, con una tasa de mortalidad de 126,6, aunque fue en 1947 cuando se alcanzó el mayor número de fallecimientos por esta causa, con un total de 33.971, lo que representó una tasa de mortalidad de 124,8. Este dato sobre defunciones fue prácticamente similar al registrado en el año 1907, es decir, cuatro décadas antes.

Aunque en 1947 el número de finamientos fue de los más elevados, la tasa de mortalidad era más baja puesto que España ya contaba en aquel tiempo con una población de 27,2 millones de personas. Hasta 1950 no se lograría bajar el listón de los 30.000 muertos anuales a causa de esta enfermedad.

Efectivamente, según recogen las crónicas de la época, la gran batalla contra el bacilo de Koch surgió en España a partir de 1950, con la aparición de los nuevos medicamentos específicos para combatir la enfermedad, tales como la estreptomicina y la hidracida. Gracias a la utilización de estos fármacos, la mortalidad, a consecuencia de la tuberculosis, descendió bruscamente en el país en el periodo comprendido entre 1950 y 1958, cayendo de los 30.000 a los 8.000 fallecimientos.

Sin embargo, era excesiva la confianza depositada en estos medicamentos, por lo que se administraban mal los tratamientos, es decir, se dejaban de aplicar antes de que el enfermo estuviera completamente recuperado. A consecuencia de ello el bacilo generaba resistencia. De ahí que se produjeran recaídas, por lo general mucho más fuertes, al no surtir efecto la medicación. De esta manera el paciente se convertía en un tuberculoso crónico.

Fueron los años posteriores a 1958 en que tanto la mortalidad como la morbilidad producida por la tuberculosis se mantuvieron estacionarias, sin apenas experimentar progresos. Siendo de destacar que de la mayoría de los países europeos, solo Hungría, Polonia, Portugal y Yugoslavia, se hallaban en peor situación que España con relación a la tuberculosis.

Plan de erradicación

Ante esta situación de estancamiento, el Patronato Antituberculoso presentó al Gobierno de España un plan de acción mucho más activo. A finales de 1963 el Gobierno daba luz verde a este ambicioso planteamiento y en 1964 el patronato programó un plan de erradicación de la tuberculosis en España que se puso en marcha en marzo de 1965.

Para todo este ambicioso propósito el citado organismo, en el periodo comprendido entre 1961 y 1963, recaudó 498 millones de pesetas, que procedían, básicamente, de la subvención estatal, de la lotería de la Cruz Roja y de la Fiesta de la Flor. Sin embargo, a partir de 1964, para afrontar los gastos del plan de erradicación, el Estado aumentó la subvención hasta los 240 millones de pesetas anuales.

auxiliodentroEl hambre causó estragos en la España de la postguerra

Gracias a este espaldarazo económico, el Patronato Antituberculoso reinició su acción contra la tuberculosis. La primera medida de este plan consistió en aplicar a todos los niños la vacuna preventiva B.C.G. (Bacilo Calmette-Guerin), realizando la vacunación en las escuelas de todo el país en una campaña desarrollada a escala nacional.

Resaltar como dato representativo que de las doce enfermeras que comenzaron estas tereas en el año 1965, se incrementó la plantilla hasta las 250 sanitarias adscritas al plan en 1968, es decir, en solo tres años.

155 muertos en Puerto Sagunto

El autor de la trilogía ‘La memoria necesaria’, el investigador local Buenaventura Navarro, también recoge en el tercer tomo de su obra lo que él mismo denomina la ‘epidemia’ de la tuberculosis en Puerto de Sagunto. Este breve capítulo de su vasto trabajo incorpora datos oficiales sobre defunciones producidas por el bacilo de Koch, así como testimonios de ciudadanos que fueron testigos de primerísimo orden en lo acontecido durante aquellos años de hambre y estraperlo.

Recuerda Navarro que en la propagación de la enfermedad influyeron «las malas o inexistentes condiciones higiénico-sanitarias y la escasa y deficiente alimentación de aquellos años de la postguerra». Entonces, como ahora sucede con el contagio del coronavirus, la tuberculosis sí entendía de clases sociales, expandiéndose con mayor facilidad y cobrándose más vidas entre las más humildes, que son las que estaban peor alimentadas, vivían hacinadas y con escasas opciones higiénicas. Si apenas podían comer, parece lógico que no dispusieran de recursos económicos para productos de aseo.

En este sentido, Navarro aporta una serie de datos, partiendo de los libros de defunciones del Registro Civil de Sagunto. Las cifras reflejan la gravedad de esta enfermedad y su persistencia a lo largo de los años. Efectivamente, entre 1939, año en el que finalizó la contienda civil, y 1949 el número de fallecidos ascendió a un total de 155.

Sin embargo, hay que tomar en consideración que algunos vecinos de Puerto de Sagunto fallecieron en otro lugar, según explica Navarro: «hemos acudido a los libros de defunciones del Registro Civil para concretar el número de muertos. Esto no resulta exhaustivo pues algunas personas fallecieron, después de enfermar aquí, en otro lugar, hospital de PortaCoeli, por ejemplo, y tampoco tenemos una contabilidad de afectados por la enfermedad que terminaron por recuperarse, sin que ello ocasionase su muerte».

Entre los años 1939 y 1949, según las cifras que aporta Buenaventura Navarro, los que registraron mayor número de fallecidos fueron los de 1948, con 28 muertos, 1940 con 18, 1946 y 1949 con 17, así como 1943 y 1944 con 15 fallecidos. Asimismo, Navarro cita a título ilustrativo que el primero de enero de 1954 en el hospital de PortaCoeli había 296 hombres y 144 mujeres ingresadas por esta dolencia, mientras que el 31 de diciembre del mismo año los varones ingresados eran 284 y las féminas 136.

Por otro lado, este incansable investigador también se hace eco de las memorias anuales del Gobierno Civil de Valencia, firmadas entonces por el gobernador civil Ramón Laporta Girón.

Pues bien, Buenaventura Navarro refleja el número de enfermos de tuberculosis y fallecidos durante tres ejercicios de la década de los 40, lo cual ofrece una idea de cuál era la situación varios años después de finalizar la Guerra Civil. En este sentido cabe indicar que en 1945 los contagiados por tuberculosis pulmonar en Sagunto fueron un total de 29, de los que perdieron la vida 18. En 1947 enfermaron 63 y perecieron 29. Por último, en 1948, los nuevos infectados ascendieron a 43, aunque perdieron la vida dos más, es decir, 45 personas.

A propósito de este episodio de la epidemia de tuberculosis en Puerto Sagunto, Buenaventura Navarro recoge algunos testimonios de extraordinario valor. En este sentido cabría citar las palabras de Benjamín Cañete (1924-2011), maquinista de la siderúrgica: «Los años cuarenta fueron de mucha hambre en el Puerto. Además de la fábrica se buscaba trabajar en el campo: cavar, rascar, etc., recoger naranjas. En esa época los jornales eran de 9/10 pesetas día y una barra de pan de ½ kg. costaba 5 pesetas. La mayoría de las casas tenían un gallinero para criar animales. Se trabajaban todos los huertos e incluso se cultivaba en los solares, y todo ello para obtener alimentos. Se plantaba mucho boniato. Había muchos enfermos de tuberculosis que eran enviados al sanatorio de PortaCoeli para curarse, unos lo conseguían y otros fallecían. Una inyección de estreptomicina hacia 1950 costaba 100 pesetas».

Otro testigo de los que incluye Navarro en su trabajo, en este caso Juan Gil Rubio, relata que los médicos venían desde Valencia: «desde Valencia venías los médicos especialistas del pecho, doctor Juan Moragues y doctor Joaquín Sanchis. Atendían en el edificio del antiguo hospital de Menera. Había muchos tuberculosos en aquellos años».

Para finalizar este breve capítulo de la tuberculosis durante la época del hambre en Puerto Sagunto, recoger la cita del historiador Borja de Riquer que incluye Buenaventura Navarro en este punto: «la subalimentación y el esfuerzo laboral provocaron una notable disminución de las defensas físicas de muchos trabajadores, haciéndolos mucho más vulnerables a las enfermedades. Especialmente a la tuberculosis…En 1944 casi la mitad de los adultos muertos en España por enfermedades infecciosas lo fueron a causa de la tuberculosis».


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Modificado por última vez en Sábado, 18 Abril 2020 02:16

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